Thor y la nueva Diosa del Trueno de Jason Aaron, cediendo el testigo

El día ha llegado. Tras muchas semanas y meses de espera, esta semana Panini ha publicado el primer tomo de Thor: Diosa del Trueno. Este tercer tomo Marvel Deluxe incluye el segundo volumen de Jason Aaron, con una nueva portadora de Mjolnir, y la miniserie que se publicó durante las Secret Wars, comprendiendo un total de los casi tres primeros años de Aaron al frente de la franquicia del trueno y una de las mejores etapas de Marvel Comics del presente siglo. Así que desde Sala de Peligro aprovechamos al ocasión para recordar cómo fueron aquellos primeros tres años del Thor de Jason Aaron, Esad Ribic y Russell Dauterman.

Dios del Trueno

En 2012, Marvel anunciaba Marvel Now!, el relanzamiento con el que pretendían aplastar en ventas a la Distinguida Competencia tras su efusivo arranque de los Nuevos 52. Para ello, un ya asentado Axel Alonso en el puesto de Editor Jefe apostaba por introducir frescura en todas sus franquicias y tan solo Dan Slott se salvaba de un cambio de sillas que afectó a todas y cada una del resto de las series. Para la cabecera de Thor eligieron a dos figuras ya consolidadas en la Casa de las Ideas: Jason Aaron y Esad Ribic. La huella que ambos dejarían iba a ser inolvidable, hasta el punto de que lo que sí ha sido olvidable es quién se encargaba antes de la serie (mini-punto para el que lo haga). Aaron era uno de los arquitectos del momento, habiendo firmado etapas redondas como Wolverine: Weapon X y Ghost Rider, y llevaba pocos meses haciendo disfrutar como hacía tiempo a los aficionados mutantes en Wolverine & The X-Men, antes de verse eclipsado editorialmente por los mutantes de Bendis y a abandonar la Escuela Jean Grey. En su currículum también figuraba algún pequeño fracaso puntual (su Increíble Hulk con Marc Silvestri es el mejor ejemplo de ello), pero su habilidad para adaptarse a cualquier serie, por muy diferente que fuera de su registro habitual, era garantía de calidad. Aaron eligió en persona al dibujante croata como compañero de viaje, aunque entre ambos tan solo habían colaborado en un especial (Dark Reign: The List: Wolverine, un gran número). El guionista de Scalped puso al servicio de su colaborador una historia con una ambientación nórdica, con Thor como un auténtico dios vikingo y donde los rincones mitológicos Marvel brillaron más que nunca. Desde el principio se notaba que Aaron y Ribic disfrutaban trabajando juntos.

 

Así pues, en noviembre de 2012 debutaba el primer número de Thor: God of Thunder, reclutando a 110,000 seguidores y entrando en el top 10 de cómics más vendidos del mes. El primer arco argumental fue una macro-saga de once números dividida en dos tramos, bautizados como Carnicero de Dioses y Bomba Divina, en los que Thor se enfrenta a un enemigo creado para la ocasión. Gorr es un alienígena que siente un odio profundo hacia los Dioses. “Los Dioses nunca han acudido a la ayuda de los creyentes del planeta de Gorr, tan árido e inhóspito como poco atractivo para los Dioses”, describía Aaron. “Les considera caprichosos, arrogantes, inútiles, crueles. El mejor uso que le puede dar a sus poderes es dar caza a todos los dioses que encuentra en su camino y crear el arma definitiva para matarlos a todos”. El enfrentamiento contra el Dios del Trueno está servido. Aunque para ser fieles a la verdad, deberíamos emplear el plural, y hacer referencia a los Dioses del Trueno, ya que Aaron estructura el relato torno a tres líneas temporales: pasado, presente y futuro, con las respectivas versiones de Thor.

En el pasado, a modo de flashbacks, Aaron nos presenta a un joven e inmaduro Thor, así como su primer cara a cara con el asesino de dioses. Indigno todavía de portar Mjolnir, el hijo de Odin empleaba un hacha XXL de nombre Jarnbjorn y disfrutaba a partes iguales de la cerveza, las mujeres y las batallas. En esta línea temporal se produce el primer enfrentamiento con el Carnicero con Dioses, quien persigue a Thor y sus compañeros vikingos con la intención de llegar a Asgard y arrasar la ciudad de los dioses asgardianos. Gorr no soporta ni entiende los rezos y seguimientos que dispensan a Thor los hombres de la época: “No estoy aquí para heriros, hombres de la Tierra. Vengo a liberar a vuestra raza del yugo divino de la servidumbre”. Este primer enfrentamiento, salvado con tablas, tiene su continuación en el presente, donde un mucho más maduro Thor acude al auxilio de un mundo sin Dioses ante la oración de una niña, a quien consuela en su llegada: “¿Qué tipo de Dios sería si no respondiera a las oraciones?”. Este Thor se embarcará en una búsqueda detectivesca de dioses perdidos y olvidados, siguiendo el rastro sangriento del Carnicero de Dioses. Quien no tiene problemas en encontrar a Gorr es el irritado Thor del futuro, más parecido que nunca a su padre Odin, que se enfrenta a una horda de los acólitos de Gorr, quienes quieren acabar con el último Dios vivo de toda la creación: “Soy tan malditamente viejo que no queda nadie excepto yo. Rey de Asgard, una Asgard rota. El último de todos los Dioses. Y hoy volveré a intentar ver el Valhalla”, confiesa este canoso Thor.

El objetivo real de esta saga, independiente del resto del Universo Marvel, es hacer que Thor se cuestione su razón de ser. “Gorr es un ser consumido por la rabia y la ira, alguien que no se merece compasión por sus asesinatos en masa… pero quizás no le falte razón cuando critica a los dioses”, justificaba Aaron al final de su primer año en la serie. Estos once números, concluyen con un team-up de las tres versiones de Thor (y dos Mjolnirs) para enfrentarse al Carnicero, en unos números espectacularmente dibujados por un Ribic que no ocultaba su rechazo a las historias más puramente superheroicas (“cuanto menos spandex, mejor”). Gorr tiene éxito en su misión, e inocula la duda al Thor del presente: “El viejo es alimentado por tu pesar y cree que si me mata podrá borrar su historial de fracasos. El joven vikingo usa su arrogancia para enmascarar su vergüenza. Pero tú, sabes que tengo razón. Por eso intentas parecer tan noble. Sabes que los dioses nunca han creado o preocupado por nada. Salvo de sí mismos”, espeta Gorr a nuestro Thor en la batalla final. Este combate dejará tocado al portador del martillo de Uru.

Tras once números de enfrentamientos contra Gorr, excelentes diálogos y dudas existencialistas (incluyendo tiburones fantasmas voladores), Ribic necesita un respiro. La duodécima entrega corre a cargo de de Nick Klein, antesala de la siguiente saga, donde Thor regresa a Midgard para intentar ayudar a la gente, intentando demostrar a Gorr que está equivocado. Curiosamente, una de sus primeras misiones en este propósito de renovación consiste en acompañar a una agente de S.H.I.E.L.D. a su fiesta de graduación. Esta agente se llama Roz Solomon, y formará parte a partir de este momento del elenco de secundarios de la serie. Forma parte de una nueva división medioambiental de la agencia de espionaje, uno de los temas a los que Aaron dedicará varias reflexiones. Aunque ella busca la ayuda de Thor, el vengador parece estar más interesado en conseguir una cita romántica con ella… Y hablando de parejas románticas de Thor. En este número reaparece por la serie Jane Foster, antigua pareja del protagonista. Aaron sorprende a propios y extraños haciendo que desde su última aparición a Jane Foster le hayan diagnosticado cáncer de mama. Está debilitada a causa de la enfermedad y la quimioterapia, pero se enfrenta a ambas con decisión y no acepta cuando este Thor 2.0 le ofrece buscar algún remedio fuera de la Tierra. Ella mejor que nadie sabe que esos remedios suelen acarrear algún coste oculto y prefiere intentar vencer al cáncer con el poder de la medicina a la que ha dedicado su vida, y con su coraje. Thor accede, mientras que los lectores van haciéndose la idea de despedirse de uno de los personajes más antiguos de Marvel, protagonizada en la gran pantalla por Natalie Portman durante las dos primeras películas del personaje (antes de hacer mutis por el forro).

Precisamente ese 2013 se estrenaba Thor: El Mundo Oscuro. Para la segunda parte de la trilogía, Marvel Studios eligió como villano a Malekith el Maldito, el elfo oscuro creado por Walter Simonson hace ya más de veinticinco años. Como era esperable, desde la editorial apremiaron a Aaron a aprovechar la oportunidad para captar nuevos lectores y utilizar a Malekith en God of Thunder. Esto molestó a Aaron y, sobre todo, a Ribic. “Siempre pasa lo mismo. Durante los primeros números los autores hacen todo lo posible por tener el mejor producto, y el resultado es el que sea en cada caso. Independientemente de eso, llega un momento en el que los editores deciden que pueden mejorar la serie. Y esto también pasó con Thor también. Porque tras los primeros once números de la serie (que son nuestra primera gran aventura que cierra el año), ellos pusieron a continuación la historia de Malekith, que tengo entendido que en un principio iba a ser una miniserie aparte”. Ribic no dibujó la historia, lo hizo Ron Garney en su lugar, mientras que se reservaba para la siguiente saga. Aunque Ribic volvió, algo había cambiado. “Creo que nunca nos recuperamos de eso y la serie salió tocada. Para mí ya no fue lo mismo y quería dejarla cuanto antes. A mucha gente le seguía gustando, pero no era para lo que yo había firmado. Queríamos decir algo con esta serie y si yo ya no puedo hacerlo, lo mejor creo que es que lo deje. Porque esa historia que pones en medio tienes que reflejarla posteriormente, al contrario de lo que hubiera pasado si hubiera sido una miniserie más. Creo que Jason tenía ideas un tanto distintas para historias siguientes que tuvieron que hacerse de distinta forma. Para mí ya no era lo mismo”. Sin embargo, al contrario de lo que destilan estas declaraciones, la sensación es que Aaron sí supo sacar provecho de la situación y el recorrido de Malekith fue mayor que el de los meses satélite al estreno cinematográfico, y acabaría por convertirse en pieza clave de su etapa.

En el arco argumental The Accursed (El Maldito), guerreros leales a Malekith rescatan a su señor, quien no duda en sembrar el caos y aniquilar a todos los elfos oscuros que no se sometan a él. Para frenar esta crisis, el Congreso de los Mundos (un organismo creado por Matt Fraction, en su etapa en The Mighty Thor, donde Asgard y los reinos mitológicos que quieran se reúnen para resolver conflictos de forma conjunta) decide crear la Liga de los Reinos, un pequeño grupo de guerreros representando a los diferentes reinos para dar caza a Malekith. Además de Thor, esta particular Liga estaba formada por Sir Ivory Honeyshot (representando a los elfos de la luz), el enano Screwbear, el huraño Ud el Troll, el gigante Oggy y Waziria, una elfo oscuro que amó a Malekith en otros tiempos, pero que ahora quiere venganza y salvar a su gente y con quien Thor tiene un pequeño romance. Durante esta saga, Malekith asesina a la reina de los elfos oscuros, quienes para traer la paz a su mundo deciden elegir al malvado elfo como su líder, ante la atónita mirada de un impotente Thor, que ve cómo su némesis gana inmunidad diplomática eterna. Una aventura al más puro estilo Simonson en la que Aaron convirtió un germen en forma de miniserie en un prólogo de lo que sería el resto de su etapa.

Ya en 2014, Esad Ribic volvió a God of Thunder para cerrar la serie en su número 25, en una saga titulada Los Últimos Días de Midgard (un título bastante más fantasma que realista, la verdad), la cual sería la última ocasión de ver a Thor portando a Mjolnir en el presente. Esta aventura continúa, para alegría de Ribic, directamente desde el número 12. En ella, el Thor del futuro y sus nietas (presentadas durante el primer arco) se enfrentan a Galactus para salvar lo que queda del planeta Tierra, inhóspito y abandonado desde hace siglos. En el presente, mientras tanto, Thor y Roz Solomon buscan la forma de interferir en los planes de Roxxon y su nuevo CEO. Habitualmente, la empresa petrolífera más conocida de La Casa de las Ideas ha estado dirigida por juntas de accionistas sin rostro, pero Aaron se saca de la manga un nuevo CEO, llamado Ario Dagger. Un personaje quizá demasiado similar al grupo de críos que creó como nuevo Club de Fuego Infernal para sus historias mutantes. Un ricachón tan cruel con sus subordinados como con el medio ambiente y muy propenso a la destrucción masiva, siendo el dinero el menor de sus problemas. Curiosamente, difiere en los cabecillas del Club del Fuego Infernal en una cosa. Agger es un Minotauro obsesionado con arrasar y explotar mundos, y la Tierra es solo su primer objetivo…

Al destrozar una fábrica de Roxxon altamente contaminante, Thor provoca a Agger, quien se venga comprando indirectamente toda la ciudad de Broxton, Oklahoma. Nos referimos a la ciudad donde Thor reconstruyó una nueva Asgard durante la ya lejana etapa de J.M. Straczynski, y en la que los asgardianos residen desde entonces (salvo el auto-exiliado Odin a raíz de los acontecimientos de Miedo Encarnado). Consciente del valor emocional de la ciudad para los asgardianos, empieza a destruirla lentamente. En teoría, Thor no puede evitarlo ya que a causa de sus acciones anteriores un juzgado le ha prohibido acercarse a propiedad de Roxxon, pero la ley no ha tenido tradicionalmente mucha importancia para el Dios del Trueno, quien se planta en las puertas de la casa de este Bill Gates maligno para, sin embargo, encontrarse con el guardaespaldas de Agger: Ulik El Troll. Aaron continúa combinando con acierto elementos de la mitología clásica de la serie con nuevas creaciones, algo no tan habitual hoy en día donde muchos autores se guardan los nuevos personajes para sus cómics independientes. El enfrentamiento entre Ulik y Thor se puede calificar de legendario, aunque los habitantes de Broxton no dejan de preguntándose qué han hecho para merecerse tantos combates en su patio trasero (recordemos que Miedo Encarnado casi arrasa con su pueblo). Agger, que domina a la perfección el arte de la publicidad, sale impune del enfrentamiento, pero los asgardianos se ven obligados a tomar la decisión de abandonar la Tierra antes de atraer a más enemigos a lo que queda de ciudad. Jane Foster, en un movimiento sumamente importante de cara al futuro, recibe y acepta la petición de representar a la Tierra en el Congreso de los Mundos en la ciudad de Asgard.

Si un Dios como Thor no puede vencer a una multinacional corrupta, ¿cuál es su misión en la Tierra? La confianza del hijo de Odín no es la que era. La semilla de la duda que en él sembró Gorr ha surtido efecto y le condicionará en futuras aventuras. Aunque en lugar de emplear el plural, lo suyo sería que usásemos el singular. Porque a Thor tan solo le quedaba un último día de juerga. O, al menos, a este Thor. Llegó… Pecado Original. Agarraos que vienen curvas. Pero antes, este volumen tuvo un epílogo en forma de vigésimo quinto número, reuniendo en un mismo número el talento de dibujantes como Simon Bisley, R.M. Guera y Esad Ribic. Con Bisley, experto en cómics de vikingos y bárbaros, Aaron se despide momentáneamente del Thor del pasado en una historia que revela que el cráneo del gigante de hielo más temido de todos los tiempos, el rey Laufey, se encuentra perdido en el océano. Con Guera, colaborador suyo en esa obra maestra que es Scalped, Aaron narra el origen de Malekith el Maldito, descubriéndose que su infancia quedó tan marcado por la guerra que no concibe a los elfos oscuros viviendo en paz. Y por último, con Ribic, da por concluida God of Thunder en una historia ambientada en el futuro que da a entender que el Thor original recuperará el martillo en algún momento y que las aventuras de la nueva Thor no tendrán un final feliz… Los caminos de Ribic, Mjolnir y Aaron tardarían cuatro años en volver a juntarse, pero eso es una historia para más adelante.

Pecado Original

Desde que empezara Marvel Now!, desde la editorial afirmaban que “nuestra intención es reducir el número de eventos y crossovers a publicar, enfatizando la importancia de las series regulares y las historias que los autores quieren contar”. Así pues, tras la Era de Ultrón, Infinito, la Batalla del Átomo, El Juicio de Jean Grey y Revolutionary War (menos mal que iban a reducirlo…), en verano de 2014 llegó el turno a Pecado Original. Los autores elegidos fueron Jason Aaron y Mike Deodato Jr. Sin embargo, no es Aaron un guionista muy dado a prodigarse por estos tipos de eventos. De hecho, salvo una excepción, ha conseguido siempre mantener sus colecciones alejadas del evento de turno, algo que le agradecen los fieles de sus series. En esta gran saga, irónicamente, este aislamiento iba a pasar factura a Thor, ya que tanto en Pecado Original como en una de sus mini-series satélite ocurrieron acontecimientos importantes que un Marvel Zombie que solo leyera Thor: God of Thunder no iba a poder encajar del todo. Pero, como dijo Jack El Destripador, vayamos por partes.

El Vigilante ha sido brutalmente asesinado y alguien se ha llevado sus ojos XXL, donde Uatu almacenaba todos sus recuerdos, con los secretos más oscuros de todos los héroes de la Tierra, lo cual cambiará el Universo Marvel para siempre. Tal y como se descubrirá más tarde, Nick Furia anda detrás de la vacante que ha dejado El Vigilante, aspirando a convertirse en el nuevo protector de La Tierra, algo que el resto de superhéroes no están dispuestos a dejarle hacer. En el clímax final del combate, Nick Furia susurra unas palabras al oído de Thor, despojándole de sus poderes como Dios del Trueno, y haciéndole automáticamente indigno a “ojos” de Mjolnir. No Más Thor. Durante meses, los aficionados especularían sobre cuál fueron esas misteriosas palabras que hicieron que un mortal omnisciente pudiera hacer caer a Thor de esa manera, generándose una expectación alimentada por el propio Aaron en redes sociales. La respuesta acabó llegando, y aunque cuadra por completo con el telón de fondo que ha planteado el guionista desde el principio, defraudó a más de uno. Además, un acontecimiento tan importante como despojar a Thor de sus poderes había ocurrido fuera de su serie regular, y eso era algo que los aficionados tardarían en olvidar y/o perdonar. Mjolnir, caído en la Luna, elegiría a su propio portador a partir de ese momento, y Thor pasaría a portar de nuevo el hacha Jarnbjorn y a cambiar su nombre por Odinson, continuando a pesar de todo con su servicio entre los Héroes Más Poderosos de la Tierra, envidiando a la nueva y misteriosa Thor que se alzó entre el pabellón de héroes Marvel, Mjolnir en mano.

Pero es que además de la caída en desgracia del hijo de Odin y el alzamiento de una nueva Diosa del Trueno, Pecado Original también realizó cambios importantes al resto de la franquicia. En la miniserie Thor & Loki: The Tenth Realm (publicada con la numeración Original Sin #5.1-5.5 USA, en uno de esos experimentos comerciales tan raros que suele hacer Marvel de vez en cuando) los guionistas Jason Aaron y Al Ewing (por entonces guionista de Loki: Agent of Asgard y futuros colaboradores en la ya anunciada serie regular de Valquiria, cuyos detalles por el momento se desconocen) narran la integración de Ángela dentro de la mitología asgardiana, en un triple tirabuzón y medio de continuidad del que supieron salir muy airosos. Marvel había comprado, dos años antes, los derechos de Ángela, el personaje creado por Neil Gaiman y Todd McFarlane en el número 9 de Spawn, antes de proceder a pelearse en los tribunales sobre los derechos de la misma durante años. Con Gaiman vencedor, vendió el personaje a Marvel, quien lo integró en su continuidad en las últimas páginas del mega-evento Era de Ultrón, pasando a formar parte de los Guardianes de la Galaxia de Brian Michael Bendis. Sin embargo, aquí en Thor & Loki: The Tenth Realm (con dibujo de Simone Bianchi y Lee Garbett), el lector Marvel descubre que en realidad (ojo, SPOILERS) Ángela es la hermana perdida de Thor. No es un cabo suelto que Aaron haya querido continuar explorando más allá de estas páginas, aunque sin duda alguna es un concepto que tiene más potencial del exprimido.

Para justificar su ausencia durante estos cincuenta años de historia Marvel, Aaron y Ewing explican que existe un Décimo Reino mitológico llamado Heven (de ahí el nombre de la miniserie) y que en él habita una malévola raza similar a ángeles que solo conoce la avaricia. En el pasado traicionaron a Asgard, razón suficiente para que Odín declararse la guerra a Heven, venciendo a los ángeles y sellando cualquier acceso a Heven para siempre. En el transcurso de la batalla final Ángela fue dada por muerta, motivo por el cual prefirieron no hablar de lo acontecido, ocultando esta información a su hijo Thor. El Dios del Trueno y el Dios de las Mentiras encuentran Heven, pero con unos ángeles muy dispuestos a asesinar a todo aquello que huela a Asgard. En este punto, Loki consigue traer de vuelta al desparecido Odín para que les eche una mano, poniendo punto y final al aislamiento que se había auto-impuesto el Padre-de-Todos al final de Miedo Encarnado para vigilar a Cul Borson, pérfido dios del miedo, hermano de Odín y asesino de Thor (si, Thor murió, pero volvió a la vida en la etapa Fraction… pero pasemos esto por alto). De hecho, Aaron supo reincorporar a la franquicia a Cul Borson (La Serpiente) en futuros números, teniendo incluso un poquito más importancia que la desaparecida Ángela. Realmente, esta miniserie fue importante porque traía de vuelta al irritable/irritado Odín, para jugar un papel muy importante en el futuro de la serie, en confrontación directa y continua con la nueva Thor. A Odín no le sentará nada bien que Mjolnir no le haga caso y ni siquiera “consulte con él” sobre quién debe ser la nueva Diosa del Trueno.

¿Quién es la nueva Thor?

Cuando todas las fichas de este gran ajedrez estaban sobre el tablero (desde Ario Dagger hasta Malekith pasando por Odín o el Congreso de los Mundos), Aaron sorprende a propios y extraños y saca de la partida a su pieza más importante, quitándole a Thor casi todo su poder (algo similar haría años más tarde con el Doctor Extraño). El Thor que todos conocemos ya no está presente y en su lugar tenemos a una nueva Thor. No es la primera vez que esto ocurre, ya que Thor ha tenido sustitutos previamente, como Bill Rayos Beta o Eric Masternon. Tampoco es la primera vez que una mujer porta un martillo, como ocurrió con Thor-Girl. Pero en esta ocasión, a diferencia de las anteriores, el cambio ha sido más permanente que nunca, participando además activamente en varias cabeceras Marvel como All-New All-Different Avengers y en varios eventos. Más de treinta números y casi cuatro años hasta el momento en los que ha habido tiempo para todo, incluso para descubrir quién se oculta bajo el casco de Thor. ¿Quién será? ¿Será la agente de S.H.I.E.L.D. Roz Solomon creada por el propio Aaron? ¿Será Lady Sif reclamando el legado de su antiguo compañero sentimental? ¿Será Jane Foster durante sus últimos días de vida? ¿Es demasiado pronto para descartar Freyja? ¿O será quizás Ángela, en un intento por dar importancia al personaje creado por Gaiman?

Han pasado años, muchos meses, desde que se desveló la identidad de esta nueva Thor, pero si tú, queridísimo lector, todavía no la conoces y no quieres enterarte aquí, entonces este es el momento de dejar de leer. Spoilers de aquí en adelante. Y es que en el octavo número del nuevo relanzamiento post-God of Thunder se desvelaría (se trata de un cómic publicada por Panini en Septiembre de 2015, recuerda este es el último momento para dejar de leer) que Jane Foster era la nueva Thor. Tras jugar al despiste durante ocho meses con distintas identidades secretas para Thor, Aaron apostaba por la identidad más posible (y demandada) y elevaba a la grandeza a uno de los personajes más clásicos de Marvel. Sin embargo, Aaron no tardaría en demostrar que esto no era un golpe de efecto vacio o una maniobra de marketing, ya que desde la llegada de esta nueva Thor la colección se ha perfilado como la más interesante de la actual Casa de las Ideas.

Thor, Diosa del Trueno

“¿Se supone que tengo que llamarte Thor? ¡Las malditas feministas lo arruinan todo!”. No. Estas palabras no fueron pronunciadas por ningún aficionado. O bueno, sí. También. Pero en concreto esta frase está extraída del quinto número de la serie de Thor, por obra y gracia del Hombre Absorbente en pleno enfrentamiento contra Thor antes de pasar a barrer el suelo. Y es que, como iremos viendo durante todo el artículo, la polémica ha acompañado a esa sustitución, exponenciado por el hecho de que todo esto ocurría a la vez que Sam Wilson sustituía a Steve Rogers como el Capitán América y pocos meses antes que una jovencísima Riri Williams tomase el volante de la armadura de Iron Man, enervando definitivamente al sector más conservador del fándom. “Sabía desde el principio que llegaría a una situación en la que Thor dejaría de ser digno y que no podría levantar el martillo”, confesaba Aaron, quien explicaba la jugada. “Pero no sabía quién sería su relevo en el puesto. Enseguida llegué a la conclusión de que deberá ser una mujer, por dos razones. La primera es que haría de esta historia algo original, algo que no había pasado antes. Hemos visto a muchos hombres aquí y allí, así que es hora de hacer algo distinto. Y segundo, porque es lo más probable estadísticamente, dado que la mayor parte de personajes secundarios de la serie son mujeres. En cuanto supe quién sería la elegida, la historia detrás de ello surgió sola, más allá de ser un golpe de efecto o marketing”.

Ya sin un Ribic molesto con la editorial, acompañando a Aaron en este volumen de Thor (ya el quinto) se encontraba el dibujante Russell Dauterman, a quien los lectores tan solo conocían de una pequeña etapa en la muy secundaria y breve serie de Cíclope. Sin embargo, desde el primer día Dauterman iba a cautivar a propios y extraños con un estilo dinámico, enérgico y brillante, moviéndose a la perfección en los entornos más mitológicos, en compañía del siempre excelente Matthew Wilson y potenciando la narrativa detectivesca y misteriosa que proponía Aaron para estos primeros números. Porque ese es el enfoque por el que apostó el guionista sureño para la serie, ofreciendo un recorrido por todos los secundarios de la serie en su anterior volumen y poniendo sobre ellos la sombra de la duda. En paralelo, esta nueva Thor iría aprendiendo a usar sus poderes a marchas forzadas, teniendo que enfrentarse a habituales como Malekith el Maldito, los gigantes de hielo (quienes acaban recuperando cráneo del difunto rey Laufey) o el mismísimo Destructor. En cualquier caso, Aaron es inteligente y sabe que los aficionados quieren seguir viendo al hijo de Odin, quien (re)armado con su antigua hacha Jarnbjorn se pasea deprimido por las viñetas de la serie despojado de su nombre (a partir de ahora sería conocido como Odinson) sus poderes, su martillo… ¡y su brazo izquierdo!

En arcos argumentales de duración calculada para impactar en el aficionado, el co-protagonista de la segunda saga es Odín. Si en el volumen anterior su carácter irascible y dictatorial se había visto elevado a límites insospechados, aquí no iba a ser menos. El antiguo rey de Asgard nunca se había caracterizado por ser excesivamente moderno, por lo que la regencia de Asgard en las manos de su mujer Freyja había ayudado a un panorama político más democrático que nunca. Sin embargo, con Odín de vuelta, las chispas iban a saltar en cuanto el veterano y machista patriarca descubre que, nada más y nada menos, una mujer esta empuñando Mjolnir. ¿Cómo puede ser eso? Por momentos, parece que Aaron está trasladando de forma metatextual las reacciones más airadas de los aficionados más enfadados con esta sustitución a la boca de Odín, a quien no se le ocurre otra cosa que enviar al Destructor a despojar a Thor de su martillo, ante la incredulidad primero y oposición después de una sobrepasada Freyja. Para redondear la fiesta, Odín decide perdonar a Cul (su hermano recién descubierto por los aficionados durante Miedo Encarnado) y nombrarle Inquisidor. ¿Qué puede ir peor en una Asgard en pleno proceso de cambio? Sin embargo, las Secret Wars se interpusieron en este debate poco velado entre democracia y autoritarismo, dejando espacio tan solo para una sorpresa final, con la revelación final. Jane Foster, gracias a su puesto como representante de la Tierra en Asgard, pudo llegar hasta el martillo en la Luna tras Pecado Original y convertirse, por primera vez, en Thor. Sin embargo, en una ironía marca de la casa Marvel, cada vez que se convierte en la Poderosa Thor, su enfermedad se agrava y está más cerca de la muerte.

Thors

En verano de 2015, las Guerras Secretas de Jonathan Hickman y Esad Ribic interrumpieron el transcurso de todas las series regulares Marvel, las cuales al más puro estilo Era de Apocalipsis se reconvirtieron en miniseries relacionadas mostrando distintos escenarios del Mundo de Batalla salvado y creado por un omnipotente Doctor Muerte. En este Mundo de Batalla, el villano de los Cuatro Fantásticos había creado un cuerpo policial que controlase la paz en su mundo, formado por los más diversos Thor procedentes de las cuatro esquinas de la realidad. Aaron, acompañado de un Chris Sprouse en horas bajas, exploró este concepto en la miniserie de cuatro números bautizada como Thors, en una historia policíaca (una vez más) protagonizada por el Thor del Universo Ultimate creado por Mark Millar y Bryan Hitch, quien debe investigar el homicidio de Jane Foster.

La serie, además de ser un ¿Quién es quién? de lo más divertido visualmente (desde la Tormenta de Guerras Asgardianas hasta el Thor rana de Walter Simonson) tampoco tuvo una trascendencia importante en el devenir del Universo Marvel, salvo por el hecho de que el martillo del Thor Ultimate se materializó en las últimas páginas de la miniserie en el renacido Universo Marvel. ¿Sería este Mjolnir una excusa para que Odinson pudiera volverá a convertirse en Thor? La respuesta, tardaría en llegar, porque antes era la hora de All-New All-Different Marvel. Tras Secret Wars, el Universo Marvel se relanzó en masa desde nuevos números uno, y Thor no fue una excepción, siendo este el cuarto número uno de Aaron durante su etapa en Thor. A este relanzamiento acompañó un salto temporal de ocho meses dentro de continuidad, excusa perfecta para justificar una madurez y mayor control de Jane Foster como Thor y un empeoramiento añadido de su cáncer. Pero eso, es una historia para otro día.