Top 10 Mejores cómics de Alan Moore

El 17 de julio de 2019 fue la fecha en la que se pudo ver el último cómic de Alan Moore. Se trató de un cierre de su saga La Liga de los Hombres Extraordinarios, algo que terminó resultando café para los muy cafeteros y, tal vez por ese motivo, no ha terminado haciendo todo el ruido que un acontecimiento de esa escala merecería. Desde entonces ha pasado el COVID y una crisis una crisis muy divertida. No está mal, ¿no? Algo habremos hecho para enfadar tanto al de Northampton como para provocar una jubilación del medio con terribles consecuencias.

Casualidades forzadas aparte, este escritor es el mayor revolucionario que ha pisado el mainstream. Es alguien que ha hecho madurar el medio y cuyas ideas, todavía hoy, siguen siendo motivos de mil y una acaloradas discusiones. Es alguien totalmente inaccesible y que siempre ha ido e irá contracorriente.

Antes de proceder cabe destacar que la selección es completamente personal y no responde a ningún otro criterio que ese.  Y hay que tener en cuenta que ha sido un autor prolífico y que todas y cada una de sus creaciones merecen el reconocimiento que tienen. 

10. Top Ten

No pude resistir la tentación de empezar un Top 10 de este autor con Top Ten. Pero no se puede discutir que esta obra no sea merecedora de estar en este ranking. Este cómic lo que se logró hacer es, básicamente, llevar al género policial a un contexto de ciencia ficción superheroica y absurda. Moore en sus números autoconclusivos tiene una cantidad de ideas por página al alcance de muy pocos. Las tramas están construidas con la redondez habitual, y opta por un pesimismo existencial muy marcado. Sin embargo, todo está contado de la manera más interesante posible y capta la atención del lector desde el primer número en ningún momento, independientemente de lo retorcidos y extraños que puedan llegar a ser sus planteamientos.

Martes cualquiera de papeleo en la oficina.

El trabajo de Gene Ha merece mención aparte, puesto que aquí se alcanza un nivel de detalle impresionante. Sus aportaciones ayudan a asentar la coherencia interna de un mundo que es muy extremo. Pero, gracias a él, se integra todo a las mil maravillas y el lector entra con mucha facilidad en las reglas del juego.

Un trabajo muy rico con unos golpes de ingenio fuera de serie que hace fácil lo difícil y de una manera engañosamente sencilla. De tal modo que dio pie a dos spin off que son igual de estimables.

9. Promethea

Alan Moore, tras su problemático paso por DC, optó por alejarse de los cómics de superhéroes de las grandes editoriales. Fundó America’s Best Comics en la que construiría sus mundos con total libertad. Fue ahí donde vio la luz Top Ten o, la más célebre, La Liga de los Hombres Extraordinarios. Pero, de entre todas las obras que se editaron en ese sello, la que contiene todas sus filias es, sin lugar a dudas, Promethea. En ella se propone una aproximación a la naturaleza mágica de la narrativa y de su prolongación a lo largo del tiempo con un equivalente de Wonder Woman en el centro. Esta metaficción parte de una estudiante de tesis que trata de averiguar las conexiones entre las distintas iteraciones de Promethea, un personaje de ficción que ha sobrevivido a todas sus escritoras y en la que hay una serie de patrones. Sin embargo, pronto la protagonista se convertirá en dicho personaje y empezará un viaje sensorial en el que se cuestiona la naturaleza de las historias y de los personajes.

Defina arte.

Y, por si fuera poco, J.H. Williams III lanza unas páginas para pararse a mirar horas, con un detalle pavoroso y un modo refrescante de contar. Este trabajo es la unión de dos genios con ganas de hacer una deconstrucción que homenajea a uno de los grandes personajes del cómic americano.

8. Providence

La última gran aportación de envergadura de Moore en este medio ha sido su homenaje meticuloso a H.P. Lovecraft. Tras unas intentonas más desiguales, este trabajo ha logrado hacer una relectura sobre el trabajo del lector en un formato como es el cómic. Una obra de una concisión y una simetría que roza la perfección, de tal modo que solo se puede mirar con envidia.

De algún modo, aquí casan todos los conceptos que el de Northampton ha ido desarrollando a lo largo de toda su carrera. Narrativamente, no hace nada que no hiciera en Watchmen, pero al traspasarlo al género de terror cósmico, resulta fresco y depurado. Esta obra también gana con cada lectura. Una vez se ha descubierto en su totalidad, es cuando caes en la cuenta de la construcción que ha tenido y te deja sin palabras.

Siempre alegría y regocijo en cualquier cosa relacionada con Lovecraft.

Se han hecho muchos refritos de Lovecraft en los últimos años, y ese probablemente sea su mayor problema: que se entienda como uno más. Pero, probablemente, ninguno vaya a ser capaz de tratarlo de una manera como se ha hecho en Providence.

7. La Balada de Halo Jones

Si alguien quiere saber qué cómic de la era británica previo al boom de este autor es el seminal es este. Aunque se comenzase a publicar en Future Shocks mientras se estaba editando Miracle Man y V de Vendetta, este es un trabajo sorprendentemente crudo y sucio por parte de este autor. Eso se puede ver desde el arte que se ve en las páginas de Ian Gibson. La línea es clara, pero se pueden ver un estilo de composición muy particular y suelto que no está presente en otros cómics de Moore.


Imagen de la reciente edición coloreada del título.

Esta obra es de las pocas aproximaciones de este autor hacia lo puramente mundano. La protagonista es una cualquiera intentando subsistir en un universo cyberpunk. Lo que hace durante los tres volúmenes que componen la obra (a pesar de que se concibió como una obra de nueve) es un trabajo consistente que va variando de géneros. Es un plantear un mismo personaje mundano (pero muy carismático) en distintos contextos, con lo que se permite hacer grandes variaciones de género.  Es un trabajo socialmente comprometido que se atrevía a plantear temas y cuestiones de gran relevancia a día de hoy. Una obra a descubrir y de la que se puede ver una influencia más que clara en trabajos posteriores.

6.Un Pequeño Asesinato

Entendida como una obra menor, lo que tienen estas páginas es una pieza de índole psicológico y metafísico muy estimable. Es un trabajo de introspección en una mente desquiciada en una obra que ahonda en el modo en el que los errores del pasado dictaminan la manera de vivir del individuo. Aquí lo que se hizo es experimentar en la tergiversación del punto de vista y de la memoria. Cuanto menos se sepa, más epatará al lector. Eso sí, cuidado con las sensaciones de profunda tristeza y desánimo que puede dejar.

Londres según Zárate.

Además, sirvió para que el público descubriera al artista Oscar Zárate, quien aprovechó la oportunidad lanzando un dibujo muy distante a lo que cabría esperar encontrarse en una novela gráfica. Su arte recuerda más a las influencias de las ilustraciones art decó o de algunas vanguardias europeas, y toma decisiones estilísticas que logran ser muy efectivas y alejadas de cualquier convencionalismo.

5. Miracleman

Esta obra que ha estado varios años impublicada por problemas de derechos, es el primer gran acercamiento de Moore al género superheroico. Y, como no podría ser de otra manera, lo hizo desde una perspectiva crepuscular y deconstructiva. Tomando a una versión de Shazam intentó crear una historia que trascendiera y acudiese a algunos conceptos filosóficos provenientes de Nietzsche.

Este no es el cómic superheroico que te esperabas.

Miracleman (también conocido como Marvelman, que fue el nombre con el que comenzó hasta que Marvel exigió el cambio de nombre del título, lo cual no le sentó particularmente bien a Moore) es una obra de profunda reflexión sobre determinados arquetipos narrativos, pero no sacrifica en ningún momento el lanzar un cómic que tenga su interés y entretenimiento. Además, tiene uno de los clímax más espectaculares de este autor. Tal vez sea su cómic más accesible para un lector acostumbrado a lecturas de este género.

Evidentemente, tras lo impactante que fue esta obra superheroica (acompañada de V de Vendetta), no tardaría en despertar interés de la industria americana y lo que vino después es conocido por todos.

4. V de Vendetta

Se entran en ligar mayores. Esta es la obra en la que este autor lanzó sus pensamientos políticos. Cogiendo cierta influencia de la rabia y la energía del punk, lanzó este trabajo en el que reflexionó de la naturaleza de la anarquía en una Londres distópica relejo del thatcherismo.

Pasar página…

El trabajo de David Lloyd es, sencillamente, impecable. Con su creación de ambientes lúgubres y su manera de estructurar las páginas, sencillamente, ha conseguido engrandecer una obra que, ya de por sí, era un trabajo impresionante. Por no hablar de haber generado el icono revolucionario por excelencia: la máscara de V (aunque sea imposible dejar pasar la ironía de que los beneficios de esta vayan al monstruo con el que, supuestamente, se combate).

Para evitar ser reiterativo, en este artículo se podrán encontrar más motivos por las que esta obra es una de los mejores cómics que se han llegado a publicar.

3. La Cosa del Pantano

Para mucha gente este fue el primer cómic que se leyeron del británico. Si uno se para a pensar el tono y el estilo del cómic superheroico mainstream de la época, el público estaba acostumbrado a una cosa. Y de repente, al abrir estas páginas se encontraron con algo totalmente diferente: innovador, rompedor y que no se parecía a nada de lo que habían podido leer hasta el momento.

Números como Una Lección de Anatomía, el arco del Gótico Americano o el del sexo vegetal (el número 34 de la colección) sigue siendo un experimento sin parangón. Una de las mejores muestras que el terror ha dado en este medio. Una obra vanguardista disfrazada en forma de cómic de superhéroes. Y eso pasa por unos dibujantes de la altura de Stephen R. Bissette.

El verde divino recién despertado.

Este cómic es un pico, no solo del cómic de superhéroes, si no del terror. Una etapa claramente seminal de lo que terminaría siendo Vertigo y, por encima del todo, una muestra de creatividad sin límites y del potencial que tiene dar libertad creativa para tratar un personaje en las últimas.

2. Watchmen

Este escritor sabe perfectamente que estamos dominados por el caos. Y las consecuencias que ha traído esta obra es la clara demostración que nadie tiene el control de nada. ¿Quién se habría imaginado que esta pieza, concebida como la última historia posible de superhéroes, sería la que refrescaría el interés por el género?

Si algo puede y debe definir estos números es la calculadísima simetría. Es la obra perfecta que, al ser leída, eres arrollado por la inagotable  cantidad de capas que tiene. De hecho, de este cómic se ha escrito mucho. Se ha analizado desde todas las perspectivas posibles y, siempre, se terminan descubriendo matices. Creo que es lo mejor que se puede decir de cualquier obra de arte.

Al guachimei se le respeta.

Sencillamente, un imprescindible cuya importancia es tal que el cómic no sería, ni de lejos, el mismo sin él. Un clásico instantáneo y atemporal que está llamado a ser una obra sin la cual, no se entendería la segunda mitad del pasado siglo.

1. From Hell 

En la era actual parece haberse convertido en una tendencia los true crimes. Se tratan de documentales más o menos morbosos centrados en distintos casos reales. Y de esos, lógicamente, los que más funcionan son los más extremos: aquellos que siguen el recorrido a asesinos en serie. Es algo que despierta tanto pavor como interés por lo extraordinario de este tipo de sucesos, por sórdidos y trágicos que llegan a ser.

Esta obra pasó unos cuantos lustros preparándose y documentándose obsesivamente alrededor de la misteriosa, esquiva y perturbadora figura de Jack, el Destripador. Pero todo ello le sirvió de base para contar una envolvente cronología de la historia ocultista de Londres. Alan Moore se permitió en esta obra plantear uno de los temas que más le han estado obsesionando en su madurez: la historia que hay detrás de las ciudades. En cierto modo, se puede entender como un ensayo de lo que terminaría cuajando en su sesuda y ambiciosa novela Jerusalén.

De eso que las iglesias de Londres se colocaron estratégicamente para formar cierta estrella.

Esta es una obra, como viene siendo habitual, riquísima en matices, densa, de lectura poco amable de entrada. Los referentes que manejan, son de un nivel de conocimiento enciclopédico. Pero, una vez se asuma todo eso, y con el libro de acompañamiento al lado, lo que aquí se obtiene es una de las experiencias narrativas más satisfactorias a las que cualquier lector se haya podido enfrentar jamás.

Sí, hay carencias y omisiones. Pero es lo que suele suceder con este tipo de listas: se tiende a pensar más en las ausencias que hay en un espacio limitado que en los trabajos que están presentes.

Sí, se ha obviado su histórico trabajo con Superman, que bien se merece el estatus de lo mejor que se ha hecho con el personaje. O La Broma Asesina, pieza de la que siempre ha renegado por el tratamiento de determinados asuntos controvertidos. Por no hablar de otros estimables trabajos británicos como La Saga de los Bojefries, obras maestras deliciosas e imaginativas como Tom Strong, Capitán Britania o La Liga de los Hombres Extraordinarios o experimentaciones formales metalingüísticas, ensayísticas y metaficcionales como Amnios Natal o Serpientes y Escaleras.

Sea como fuere, la sombra de Alan Moore es inalcanzable. Su obra va más allá de la de cualquier otro. Es alguien que consiguió expandir no solo más de un género, si no el medio en todos los matices. Por mucho que internet lo haya convertido en carne de meme este es, simplemente, uno de los escritores más relevantes de este siglo. Alguien que trajo la contracultura a los lugares en los que no había llegado. Y que siempre ha estado varios pasos por delante de cualquier otro compañero. Y que sigue estándolo. Y cualquiera que ha venido después, es un heredero de un legado inabarcable.