Family Tree 2. Semillas, la continuación del cómic postapocalíptico de Jeff Lemire y de Phil Hester

Las historias postapocalípticas son algo a lo que Jeff Lemire le tiene más que tomada la medida. No son pocos los proyectos que ha firmado con una ambientación en la que, de un modo u otro, ha caído la civilización. Y no es de extrañar que un autor de tan fértil imaginación opte por ese tipo de escenarios, puesto que permite probar cosas nuevas y lanzar hipótesis no solo alrededor de hacia dónde vamos además de reflexionar re de la naturaleza humana.

Pero el escritor canadiense también tiende a darle vueltas a la idea de familia, lanzando textos de gran carga emocional. Nunca desde una perspectiva moñas o facilona.

Family Tree puede leerse como un compendio de todo lo dicho, de alguna manera. Es un cómic de autor en el que este aborda mucho de lo recorrido, pero trata de hacerlo de una forma completamente distinta. Aquí parece que se ha probado priorizar algunas de las características que tiende a dejar en segundo plano.

Este segundo volumen es una pieza de un ritmo muy marcado, es algo que se ha reforzado. Mientras que, lógicamente, el primer tomo parecía más destinado a presentar algunas bases y a que la historia arrancase, estos cuatro números parecen haber tratado de que la narrativa alcance una velocidad de tren bala.

Para ello se han tomado una serie de decisiones que parecen estar enfocadas en sorprender en todos y cada uno de los números al lector. Esa parece haber sido la prioridad del guion. Y ahí de donde vienen los problemas que se pueden encontrar en esta serie.

Jeff Lemire en este trabajo parece estar menos inspirado que en otros y, probablemente, vaya a quedar como uno de los fallidos. O, tal vez se deba a que, tal y como se ha dicho, parece ser un ejercicio consciente de salir de su zona de confort creativa.

En cualquier caso, este proyecto ha terminado resultando en que argumentalmente se va dando bandazos y en que se da un salto un tanto extremo respecto a lo que se expone en todo lo anterior. De alguna manera, parece contradecir algunos de los puntos más interesantes y chocantes del recorrido hasta el momento.

Eso es un tanto frustrante, pero lo sería más si no fuese por el tino del guionista en algunos movimientos que ha dado en este proyecto. Al igual que da algunos pasos atrás, en otros se dan pasos adelantes y coherentes. Y eso significa que tiene más de un punto en el que se aprecia el talento de Lemire a la hora de lograr impacto.

Además, estructuralmente, comienza a introducir algunos flashes forward que, si bien no plantean cosas particularmente revolucionarias, sí que permiten ampliar un poco el horizonte de esta historia. Da un poco de frescura y planta algunos misterios que se resolverán más adelante, pero da algo de pena que no consiga aportar cuestiones que realmente sobrecojan al lector o que pongan encima de la mesa algo que se aleje de caminos ya recorridos.

A pesar de todo, lo cierto es que el nivel de entretenimiento es constante y el autor tiene intacto su potente pulso dramático. La obra tiene un ritmo que no da respiro y se finaliza en un suspiro.

Es muy difícil dar el do de pecho en todos y cada uno de los trabajos que se hace. Especialmente si se es tan prolífico como lo es Lemire. A veces con algunos autores el nivel de exigencia está más alto que en otros. Y puede que por eso cuando no se está a la altura de las expectativas del lector, por meritorio que pueda ser el trabajo, es inevitable quedarse con una sensación insatisfactoria. Y esto es lo que aquí ha pasado.

Muchos desearían poder hacer un proyecto como Family Tree. Pero viniendo de quien viene, cabría esperar algo más.

El arte vuelve a correr de Phil Hester. Sin embargo, se ha contado con el apoyo de Eric Gapstur y Ryan Cody en el arte. Y es difícil determinar donde empiezan y terminan las labores de cada uno de ellos, puesto que se han logrado entender a las mil maravillas.

Se ha optado por unas páginas absolutamente continuistas con los episodios anteriores. La serie tiene un aspecto cartoon y una fisicidad que funciona muy bien para determinadas escenas de acción, cosa que claramente se ha priorizado en estos números. Es un trabajo bastante eficiente, aunque lo cierto es que no termina de ser espectacular en ningún momento. Es una narración clásica incuestionable, pero no acaba de quedarse en los ojos del lector.

Tal vez lo más destacable del aspecto gráfico sea un uso del color muy diferenciado para que se distingan las tres vías temporales. De nuevo, es un recurso clasicista, pero aquí está expuesto de tal modo que siempre aporta información y enriquece al dibujo.

El tomo de Astiberri incluye todas las portadas y unas breves biografías de los autores, al igual que el tomo anterior.

Family Tree sigue con un paso inseguro y extraño que deshace algunos de los aciertos de la premisa para, es de suponer, no caer en ciertos arquetipos ya explorados. Deja un sabor de boca que podría ser más satisfactorio pero que, a pesar de todo, consigue atrapar.