Los Malditos, cuando la Biblia se parece a Mad Max

La Biblia siempre ha venido acompañada por la coletilla de “el libro de los libros”. Es algo que ha venido porque su trascendencia en la vida de las personas es incomparable con ninguna otra pieza literaria. Tanto para creyentes, como para todo el abanico de dudan o niegan la existencia de Dios, son textos que han moldeado la ideología de la historia occidental.

Pero, por manido que pueda parecer, sigue resultando fascinante y clave para comprender las conductas del hombre. Pasa por el origen de todo hasta el final. Y es de una densidad y de una poética ambigüedad que está abierto a mil interpretaciones. Algunas de ellas han causado conflictos que todavía siguen estando presentes en la actualidad.

En resumidas cuentas, tiene un poder incuestionable, lleno de incógnitas que dan para debates sumamente interesantes. Hasta tal punto que da la sensación de que nunca se termina de rascar más de la superficie de lo que ha quedado escrito ahí.

Ponerse a citar la cantidad de creaciones inspiradas, directa o indirectamente, por la Biblia es una tarea inabarcable. Como lo es estudiar los distintos posicionamientos alrededor de este libro: van de lo más fiel a lo más críticamente destructivo.

Y el mundo ha seguido girando. Y el libro de libros permanece ahí, intacto, juzgando estoicamente a la humanidad y esperando nuevas interpretaciones.

El cómic estadounidense contemporáneo, en términos generales, se ha acercado desde una posición cínica e iconoclasta a la idea de la posibilidad religiosa. Y es lo lógico, puesto que ellos han sido capaces de generar un panteón propio con capacidades que dejan en evidencia los milagros y los castigos divinos expuestos en la Biblia.

Va en consonancia en unas circunstancias en las que el agnosticismo, el ateísmo, el secularismo (o la no práctica de la fe que, teóricamente, se profesa) tiende a obtener más y más peso. Se ha perdido el miedo al infierno, puesto que no debe ser muy distinto a lo que se ven en las noticias todos los días.

Mucho del pensamiento religioso se ha cimentado a través del pavor que produce la idea de que la alternativa es una tortura eterna. Se trata de una idea verdaderamente potente y perturbadora. Pero, en un momento en el que se ha desvanecido, tardaba en salir un producto cultural que se atreviese a volver a dar miedo a través de la religión. Por ese motivo, de todas las aproximaciones posibles, ninguna termina de parecerse, ni remotamente, a la que propone Los Malditos. Se trata de tomar los aspectos más deshumanizadores y violentos presentes en algunos textos de la Biblia y pasarlos por un filtro personalísimo. En palabras de su autor, el respetado Jason Aaron: “Viene de mi fascinación con la Biblia y sus historias. Quería combinar ese tipo de historias con las que yo hago.” No hay un mejor resumen de lo que se puede esperar de Los Malditos.

Quien conozca en profundidad los trabajos más autorales de Aaron, sabrá a lo que se refiere. Es alguien que tiene una particular obsesión por los entornos opresivos en clave de crudísimo neo-noir. Sus personajes son moralmente ambiguos, cuando no son unas completas bestias sin atisbo de bondad en ellos. Es un heredero de la tendencia creada por Rucka o Ed Brubaker, pero llevándolo a un extremo de brutalidad visceral propia de él.

Teniendo eso en cuenta, era de lo más lógico que el digno sobrino del Gustav Hasford decidiera volcar esa sensibilidad macabra a un texto que se abre a ello como la Biblia. En esas páginas hay algunas de las barbaridades más escabrosas que jamás se hayan puesto en un papel. La pregunta que cabe es, ¿Cuándo se daría el encuentro?

En 2015 llegó a las tiendas Antes del Diluvio, algo para lo que el lector no está acostumbrado. Fue un salto de la zona de confort por la que se solía mover Jason Aaron. Pero también lo es para el lector, que no se esperaba algo como esto.

Caín, el primer asesino, el hijo de Adán es el protagonista en un mundo en el que Noé, un terrateniente fanático, ocupa un lugar antagónico. El hecho de que posicione al lector en el punto de vista más incómodo posible y desmitifique a aquellos personajes que estaban a favor de Dios, ya es toda una llamada de atención. Esta no iba a ser una historia a las que uno está acostumbrado.

Igual de chocante es el que el ritmo del relato sea tan acelerado. Es toda una epopeya de rescate y de supervivencia a través de tribus hostiles que nada tienen envidiar al más frenético Mad Max. Una en la que es imposible una victoria puesto que, por mucho que gane, hay un Dios malévolo aguardando al mejor momento para castigar al hombre.

Por tanto, este proyecto tiene un fuerte componente nihilista que puede que no guste a todo el mundo. Aquí todo es desasosegante, no hay un hilo de esperanza. Este universo, por su crueldad, puede parecer que no tiene nada que ver con el nuestro. Pero lo es, a poco que se rasque por encima de la superficie.

Pero si algo hay aquí, es una demostración clara del componente autodestructivo que siempre ha acompañado a la naturaleza humana. Por encima de las ideologías, ya había facciones enfrentadas y luchas de poder en la que solo cabe la ley natural.

Los Malditos: Antes del Diluvio es el mejor tipo de lectura: el que te desafía y pide que replantees todo aquello que crees saber. Te destroza. Pero también entretiene y te deja exhausto y con ganas de seguir viviendo en un mundo irrespirable. Al fin y al cabo, las barreras de la ficción hacen que no sea peligroso. En apariencia… 

Ha habido que esperar algo más de un lustro para poder volver a disfrutar de una nueva dosis de esta saga. Y es que recientemente ha llegado el segundo volumen, Las Doncellas Vírgenes. Ambos comparten un tono, un ambiente, pero las historias no podrían haberse distinguido más. 

En este caso, las protagonistas son dos jóvenes que van a ser mercantilizadas como un tributo divino. Viven en una civilización puramente femenina que encuentran la esposa perfecta para El Señor. Cuando las protagonistas ven que los resultados de ese sistema de vida no han sido los adecuados y deciden fugarse antes de ser las siguientes de la lista.

Por tanto, se ha optado por un tono más intimista en el que el carisma de las protagonistas y sus reivindicaciones (muy en la onda del periodo de cambios sociales por las que la humanidad está pasando actualmente) son lo central de este segundo volumen. Viniendo de donde se venía, es algo que choca y sorprende al lector, cosa a la que debería aspirar cualquier secuela.

Pero lo hace manteniendo intactas las virtudes y un posicionamiento moral idéntico al del primer tomo. Es continuista en la medida en la que se está ante a unos personajes enfrentándose a cosas que les viene grandes. El lector quiere desesperadamente que salgan victoriosos y salga todo bien (cosa curiosa, puesto que no son nada virtuosos), pero solo es para que se lleve una bofetada final.

Esta es otra lección magistral de narrativa en la que se aprecia claramente que Aaron, en parte, ha buscado desquitarse de algunas de las imposiciones que traen consigo el género superhoerico, que es lo que ha estado ocupando durante años. Y, además, sirve para recuperar algo del prestigio que se ha estado poniendo en entredicho últimamente. Bienvenido de vuelta a casa. 

El arte sucio y tosco de R.M. Guéra hacen que él sea la opción perfecta para traducir en imágenes esta narrativa. Es un proyecto que hace suyo y eso se deja entrever en un nivel de implicación tremendo. Sus diseños, un mundo tan coherente como imaginativo, son algo que merece una mención especial. Es buscar una manera de hacer las viñetas atractivas e icónicas, en el sentido en el que lo son aventuras de espada y brujería tipo Conan: El Bárbaro, a la vez que se es fiel con lo que se suele asociar con el Antiguo Testamento.

De alguna manera, su arte consigue hacer cercano algo que, de otra manera, sería muy complicado que llamase la atención de nadie. Pero es que además es un narrador de primera y consigue imbuir a estas páginas de una fuerza y de una intensidad visual más que evidente. El haber colaborado junto a Aaron durante años en Scalped, hace que esta sinergia esté muy presente aquí.  Un trabajo simple y llanamente formidable y merecedor de estudio.

Los colores Giulia Brusco le dan un aspecto artesanal al conjunto que casan a las mil maravillas con la narrativa. Los colores nunca son estridentes y siempre responden a las opciones naturalistas. Son secos, áridos. Los cálidos nunca tratan de traer algo de luz, sino que también resultan espesos. Hay un predominio de los azules. Hasta en los tonos más optimistas y cálidos son colores derivativos del azul. Como si fuese una maldición oscura de la que no se puede escapar. Entiende perfectamente ya no solo el dibujo de Guéra, si no la intencionalidad de la obra. Si hay una atmosfera agobiante constante es, en buena medida, gracias a ella.

Los Malditos es una lectura cruel y desasosegante. Te agarra del cuello y te deja sin aire. Cuando crees que vas a morir, te suelta. Pero solo para, cuando crees que ya eres libre, darte una salvaje cantidad de puñaladas por la espalda. Eso es Los Malditos.

Y, a pesar de ello, se precisa el tercer volumen lo antes posible.