‘On the wire’ revive a Leonard Cohen, el hermoso perdedor

Poeta laureado, improbable estrella del rock, don Juan lascivo, romántico incurable, pecador y santurrón…Cuando Leonard Cohen dejó el mundo de los vivos, a sus 82 años, ya había exprimido varias vidas y el noble arte de la contradicción vital. Todas estas vidas están debidamente registradas y documentadas en prolijas y rigurosas biografías, pero nunca sabremos qué le pasaba por la cabeza ese maldito siete de diciembre de 2016 en el que sufrió una caída fortuita que provocó su muerte. Tan sólo unos meses atrás, aquejado de leucemia y tras haberse despedido a su manera del mundo en el majestuoso disco You want it darker, Cohen bromeaba con vivir a los 120 años. Genio y figura.

Esos últimos instantes en los que, se supone, el ser humano rememora los instantes claves de su vida en forma de flash-back, son el material del que se vale el también canadiense Phillipe Girard para armar esta suerte de no-biografía, que reconstruye en forma de fogonazos algunos de los momentos clave de la trayectoria vital y artística de Cohen. Partiendo de sus tiempos de infante diletante en los años 40 marcados a fuego por la soledad y la ausencia del padre, Girard no se ha dejado nada en el tintero. Mientras está tendido en el suelo, suspirando por un último cigarro, Cohen recuerda su acercamiento adolescente a Lorca y al flamenco, su estancia en la idílica isla griega de Hydra, junto a su inseparable Marianne, sus devaneos con la aristocracia rock del momento y sus generosos flirteos y escarceos con estrellas del momento como Joni Mitchell o Janis Joplin -no falta, por supuesto la mítica frase que le dedicó la autora de Piece of my heart a Cohen: “Somos feos, pero tenemos la música”.

En las páginas de Leonard Cohen: on the wire, publicado en España por Norma Editorial,  también se recrea su legendaria vuelta a los escenarios a los setenta años, tras quedarse sin blanca a raíz de la estafa millonaria de su amante y contable Kelley Lynch, y algunos de los momentos más histriónicos de su biografía, como ese retiro en un monasterio budista, su breve cameo en la serie Miami Vice o la polémica grabación del disco Death of a Ladie´s man, de la mano del excéntrico productor Phil Spector y una surtida colección de armas de fuego, antidepresivos y botellas de alcohol. Girard, autor de Tuer Vélasquez o Danger public, tampoco esquiva los momentos más polémicos de su biografía, como las acusaciones de sionismo a raíz de su -más bien inocente- aparición junto a las tropas judías en la guerra de Yom Kippur, ni los más líricos. La obra recoge al respecto esa búsqueda incesante de la espiritualidad de Cohen y su anhelo de conexión con lo supremo, que le llevo a fluctuar entre judaísmo, catolicismo, budismo y agnosticismo.

Aunque Girard respeta la cronología oficial, se abstiene voluntariamente del realismo en la descripción de encuentros vitales y hechos de referencia de la biografía de Cohen. La inmersión que llevó a cabo durante meses en las obras publicadas sobre el artista canadiense le proporciona el conocimiento suficiente para desarrollar un sugerente juego metatextual en la obra: en los bocadillos de texto y pensamiento de los personajes se suceden fragmentos de canciones y poemas, titulares que Cohen regaló a la prensa en otro contexto y con otras intenciones y numerosos easter eggs para disfrute de los fans, como la presencia de esa elegante gabardina azul que inmortalizara en la canción Famous blue raincoat o ese Chelsea Hotel en el que compuso canciones hasta altas horas de la madrugada. Un juego, eso sí, que puede despistar al oyente ocasional de Cohen que busque una guía resumida de su vida y milagros –a pesar de que Girard incluye un dramatis personae al final de la obra-, porque no hay aquí hilazón narrativa entre los distintos episodios vitales que sustente los saltos temporales y la lógica de las decisiones vitales y artísticas de Cohen. Con un imaginario tan deslumbrante como el del canadiense, por momentos se echa de menos que no se hubiera tomado ejemplo de la vía emprendida por Reinhard Keist en su brutal biografía sobre Nick cave, Mercy on me, que logra captar con mayor acierto la esencia del músico con un original juego entre realidad y material ficcionado.

Dado el carácter meditabundo de Leonard Cohen, y lo sombrío de sus reflexiones sobre la condición y deriva humana, que plasmó en obras como Los hermosos vencidos, sorprende el tipo de animación empleado por Girard, más cercana a la ilustración infantil que a una aproximación realista de los personajes, hasta el punto de que cuesta reconocer las facciones de personalidades como Judy Collins, Rebecca de Mornay, Rufus Mainwright o John Cale. Sin embargo, este tipo de trazo amable y juguetón contribuye a restar dramatismo a las marcadas facciones de Cohen, potenciando mediante la ilustración ese aspecto socarrón que siempre cultivó – a pesar de su adicción a los antidepresivos, Cohen siempre quitó hierro a sus miserias y fue su crítico más despiadado, pero también el más ingenioso-.

Por momentos más cercano a la humorada –el parloteo incesante de Cohen se alterna con primeros planos de puro slapstick- que a la vida de santos, la obra adquiere un tono más lúgubre en sus últimas páginas, en las que Girard cierra con sentida elegancia el ciclo vital de Cohen, al tiempo que le rinde un sentido homenaje. Aunque exige un esfuerzo y requiere un conocimiento previo de la trayectoria del personaje, On the wire es el bálsamo perfecto para todos esos fans a los que les sigue costando imaginar un mundo sin Leonard Cohen.

 Bonus track: lista de canciones de Leonard Cohen citadas o referidas en el libro: