De Sin City y 300 al Joker o Moon Knight, el eterno debate de la fidelidad

Uno de los mayores triples saltos mortales creativos es hacer una intentona de adaptar algo. Jugar con juguetes de otros siempre es algo que tiene unas mayores exigencias que la creación propia. En cierto modo, es algo que te exige una determinada contención creativa porque, seguramente, la libertad creativa llega a un punto en concreto. Y ese puede ser bien las necesidades de los productores, tu propio criterio o el imaginarte al autor/a del material original lamentando lo que tú hayas podido hacer. O peor, encontrar una turba con antorchas diciendo que le has fastidiado su infancia o algo por el estilo.

Pero todo se complica todavía más cuando no se adapta una sola cosa, sino que son varias. El mundo del cómic estadounidense con un ritmo de producción mensual (o incluso de varias entregas al mes) desde hace más de cincuenta años hace que todo resulte más desafiante. ¿Qué tomas de referencia? ¿Un cómic específico, una etapa, una amalgama de todo? Solo con tomar una opción, ya se traiciona el resto puesto que no se da una visión de todo el conjunto que sí se puede obtener leyendo cómics. Pero hay que decidir y, en el momento en el que se hace, seguro que algún espectador se sentirá absolutamente indignado.

En cualquier caso, nunca va a haber una adaptación que sea del agrado de todo el mundo. Y tratar de perseguirla es como tratar de cazar un unicornio, un imposible. Esto es así porque nadie sabe nada, ni siquiera el público. ¿Que se entrega un copiar/pegar? Pues se le achaca a la producción que le falta ideas refrescantes y personalidad. Y tendrán razón, puesto que emular es menos estimulante que crear… ¿Que se trata de aportar algo y de hacer las cosas diferentes? Pues entonces se mancilla la obra original y no es posible. ¿Que se quiere hacer evolucionar a tal o cual personaje o universo? Pues para eso que no lo llamen como tal o cual personaje…

Lo que se puede sacar de esto es que hay una fina línea que se debe seguir para que una adaptación tenga buena acogida lo cual no tiene por qué significar que eso suponga que tenga éxito para el creador.  Puede que una adaptación conecte más con el público que consigo mismo. Puede que sea un trabajo de encargo, con lo que puede que no se sienta una pasión real por el material. Son muchos los factores a tener en cuenta a la hora de valorar si una adaptación llega a buen puerto o no y, como todo, depende del punto de vista. Hay distintas verdades aquí y es algo que no debería ser categorizado con términos simplistas y subjetivos como una buena o una mala adaptación.

En todo caso, se puede hablar de una forma más clara de sí una adaptación es más o menos fiel. Cosa que no tiene nada que ver con su calidad. Cabe recordar que una adaptación es una nueva obra que debe funcionar con sus propias características. Y, en el mejor de los casos, se tienen dos cosas perfectas y espléndidas que se pueden disfrutar (o no) de forma autónoma.

El ser o no fiel es, tan solo, una opción de todo el abanico de posibilidades a la hora de adaptar. Y eso puede responder a multitud de criterios creativos perfectamente legítimos. ¿Es mejor que se trate el texto original como si fuesen una especie de palabra sagrada intocable o como una premisa para despertar la imaginación del creador? ¿Se pueden hacer secuelas de algo que se creó hace décadas? ¿Hasta qué punto se debe lealtad a la opinión del autor del material original, cuando el director no ha intervenido en la creación de este? No hay una respuesta correcta y otra incorrecta. El arte no es matemático y, por mucho que les duelan a los egos de tantos, su criterio no es suficiente como para determinar si se está llevando a cabo una adaptación adecuada.

En cualquier caso, hay una serie de aspectos que sí, a juicio de servidor, sí que se deberían tener en cuenta:

–   Acudir a la esencia más básica, al espíritu, al núcleo y tratar de integrarlo en la nueva obra. Al final, si se está adaptando una obra y no otra es por un motivo.

–   Relacionado con lo anterior, ¿Qué es lo que te habló a ti como creador a la hora de decidir adaptar un material? La respuesta a eso debería ser el leitmotiv constante, la idea a la que acudir cuando se necesite avanzar, el motor creativo.

–   Lo más obvio es que te debería gustar lo suficiente el material como para casarte con él durante meses o, incluso, años. Hay que estar muy seguro de ello… Ya es bastante duro escribir como para ponerse palos en las ruedas antes de empezar.

Esos tres puntos son útiles para dar pasos adelante. Esto es lo único que se debería priorizar a la hora de decidir llevar a cabo una adaptación. El resto de cosas (adaptación de tu creatividad a las necesidades de producción, imposiciones de la productora, el ajustar el material a un target diferente…) ya vienen después. Uno no debería autoimponerse nada cuando se está creando por pura vocación, necesidad o diversión.

Entrando en materia, se puede sustraer algunas lecciones de por qué han funcionado o no algunas de las adaptaciones que han llegado a la gran pantalla.

No se vuelve a la ciudad del pecado 

Sin City cambió el medio y aportó una personalísimo y, por ende, fresquísima manera de entender el género negro. Frank Miller es una de las mentes más increíbles que ha dado el medio y en este cómic está su esencia en su forma más pura.

Eso se deja ver en que su punto de vista es la verdadera estrella, tanto en lo argumental como en los geniales recursos estéticos que están presentes en todas las páginas. Principalmente, su uso del blanco y negro y el color es algo que estará siempre ligado a esta antología en el que, como el título indica, la podrida ciudad que presenta es la constante

Si hay un ejemplo paradigmático de adaptación fiel es esta fallida aproximación de Robert Rodríguez y de Quentin Tarantino a la rompedora obra de Frank Miller. Es normal que funcionase para los que no son conocedores de la obra original, puesto que es un portento visual. Ahora bien, es un truco que funciona una vez tal y como demostró el estrepitoso fracaso de su secuela tardía.

Evidente, con intención de llegar a un público mayor, se ha rebajado algo del contenido más explícito y potencialmente controvertido. Pero eso no influye a la hora de interpretar como que este filme es, con toda seguridad, la adaptación más fiel que ha dado el cine. Lo es porque toma todos los recursos que funcionan como un tiro en el cómic como, por ejemplo, esa constante voice over, deudor de la tradición de la novela negra, y los trasladas tal cual son. Eso provoca que la película tenga un alto grado de intensidad impostada que hace que los espectadores se sientan fuera de la producción. Las cosas que son eficientes para ser leídas, no tienen por qué serlo en un medio audiovisual. Y esta pieza representa eso. Un truco de magia que pudo tener un impacto en una única ocasión.

¿Qué se puede sacar de esto? Son lenguajes distintos. Y, por tanto, una adaptación debe funcionar en el medio al que vaya destinado. No vale con coger un cómic y agitar las páginas para generar ilusión de movimiento.

Zack Snyder: lo que hace que crezcas, provoca tu caída 

¿Qué pasa cuando dos obras verdaderamente densas caen en manos de un esteta que tampoco busca tener un discurso particularmente elaborado? Pues que se obtienen dos adaptaciones coherentes, pero de dispares resultados.

La primera aproximación al cómic que hizo este controvertido realizador fue 300, siguiendo una trayectoria similar a la que se llevó en Sin City. Se trata de una adaptación prácticamente literal, aunque incluyendo alguna subtrama que le diera algo que hacer al personaje femenino (además, es de suponer, para conseguir algo de mayor material dramático para poder completar el filme). Dejando eso de lado, esta película destacó más por su uso del CGI a la hora de crear una atmósfera y por su estética videoclipera aplicada a un contexto histórico inusual que por el cuidado de su contenido. Es una película que emuló plano a plano el cómic original pero que, a su manera, enriquecía la experiencia. Sin embargo, siguió una trayectoria similar que Sin City: una secuela tardía que no conectó con un público que ya venía sabiendo todos los trucos.

Las carencias de Zack Snyder se hicieron más patentes con cada nueva película. Se podría hablar de su cuestionable etapa como principal responsable artístico del Universo DC cinematográfico, pero no deja de provenir de un problema cuya raíz ya estaba claramente en su intentona de adaptación de Watchmen, la magna obra de Alan Moore y Dave Gibbons.

El tratar de adaptar un material, a todas luces inadaptable, tiene un gran mérito. Pero eso se desmerece en la medida en que se malinterpreta el material. Se sabe cómo traducir imagen a imagen las viñetas, pero si no se entiende las intenciones, el núcleo, el espíritu… No deja de ser una sucesión de fotogramas muy esterilizadas, pero irremediablemente vacías.

Alan Moore es alguien que se ha labrado una arisca imagen de cara al público debido a su descontento por el devenir de la cultura occidental durante los últimos años. Algo con lo que, lógicamente, la mayor parte de la población parece más conforme… Pero si algo le ha molestado especialmente son las adaptaciones de sus obras. Y tiene buenas razones para ello: han edulcorado y tergiversado todas sus creaciones hasta que solo quede el nombre… Pero no es así con algo que, a priori, estaba llamado a ser otro estrepitoso tiro en el pie: el Watchmen de la HBO.

Esta sería la norma, si no hubiese una pequeña excepción: la serie televisiva de Watchmen que han elaborado Damon Lindelof y su equipo. Esta propuesta es una secuela directa del material de Moore y Gibbons en la que, si algo quedó patente de este Quijote de Avellaneda, es que se puede ser muy respetuoso traicionando las intenciones creativas originales.

¿Qué se puede sacar de esto? No hay que ofender a Glycon… Ahm. Digo… Para sacar petróleo de una obra, hay que entender una obra hasta el nivel que pueda sorprender hasta a sus creadores.

Cuando Batman y el Joker no quieren saber nada de las viñetas 

Cuando Christopher Nolan tomó el control de la franquicia, Batman estaba en horas bajas y necesitaba reformularse para sentirse como algo nuevo para un público que, en parte, demandaba un tono distinto tras el shock que supuso en 11S. Y, con ello, el Batman cinematográfico perdió la inocencia.

¿Qué hizo el inglés? Alejarse de las iteraciones cinematográficas que le precedieron y acudir a la base. Ahí encontró historias eminentemente neo-noir, con un aspecto más adulto y complejo. Es algo a lo que el público del cine no estaba acostumbrado, pero es lo que el lector tendía a asociar con el personaje.

Pero más allá de eso, lo que propuso Nolan también fue alejarse de cualquier aspecto más fantasioso y acercar al personaje a un entorno más realistamente urbano. Eso ya entra dentro de la sensibilidad cerebral de este autor, pero para hacerlo, necesitó destilar los elementos característicos de los personajes para tratar que, en primer lugar, fuera su visión la que imperara. Con ello, logró una irregular trilogía que tuvo un impacto innegable.

La saga del Caballero Oscuro y su punto de vista alrededor de los superhéroes fue algo que influyó inequívocamente al cine con vocación comercial. Uno de los ejemplos más particulares que ha dado el cine durante los últimos años ha sido la controvertida The Joker. De nuevo, dejando de lado sus méritos cinematográficos, es una muestra de cómo el canon es tan fuerte que, por mucho que uno se intente alejar de él, se vuelve a él constantemente.

Todd Phillips en su gira de promoción, se ha hartado en decir que su filme ha buscado encontrar su propia entidad independiente. En sus propias palabras:

“Definitivamente, había algo más de los cómics en cortes anteriores. Pero en realidad se trataba de lo divertido que es que podamos mantener un pie en el mundo de los cómics y otro no, encontrar ese equilibrio. Es difícil valorar cómo encontramos ese equilibrio, pero lo logramos. La película es muy libre porque DC y Warner Bros nos permitieron hacer lo que quisiéramos con el personaje. No fue en plan “Ah, que hay que mencionar el Batmóvil, etc…” Nada de eso. Fue más un “Vamos a dar un salto con esta película. Y la película se sostiene por sí sola. No veo a Arthur Fleck peleando con nadie.”

Como es lógico, eso despertó la furia de los lectores de cómics de toda la vida… Pero, al analizar fríamente el filme, no cabe más que llegar a la conclusión de que encaja perfectamente. No solo eso, si no que reinventa perfectamente el origen del murciélago, logrando hacer lo que otras películas más fieles no lograron: refrescar el mito.

Ambos ejemplos buscaron hallar una nueva manera de dar con la fidelidad desde un punto de vista alejado de lo demandado por el target, intentando ir a lo ideológico. Por ese motivo han terminado siendo más trascendentes que otras adaptaciones superheroicas que llegan constantemente a la gran y pequeña pantalla.  

¿Qué se puede sacar de esto? Entendiendo o malentendiendo el material original, cuando las cosas son tan icónicas y están tan establecidos en el imaginario colectivo, es prácticamente imposible alejarse del canon.

De que te pateen el culo a ser el nuevo James Bond

Mark Millar, siempre en la pomada audiovisual. Se podría hablar de cómo Ultimates o Civil War ha influenciado el UCM, pero lo mejor es centrarse en sus proyectos personales, donde ha tenido más control. Y, entre ellos, hay una clara diferencia entre los que ha dirigido Matthew Vaughn y los que no.

El director inglés no fue quien se interesó primerizamente en el material de un ansioso Millar por autoadaptarse, pero sí que ha sido quien lo ha hecho con más garra.  Tras una mediocre Wanted (que parecía bastante tímida respecto al atrevimiento del cómic) que decepcionó a propios y extraños, si quería seguir persistiendo en el mercado, necesitaba dar un golpe en la mesa.

Y eso vino a través de Kick Ass, una adaptación en la que, claramente, Vaughn quiso pasárselo bien y desfogarse, todavía muy lejos de sus señas de identidad como autor. Es una propuesta en la que se nota la mano de Millar y que no buscó salirse de la letra, salvo por el final, que tuvo que tirar de inventiva puesto que la obra no estaba finalizada en el momento de la producción de la película.

Eso supuso un éxito que le condujo a ser quien resucitó la franquicia de X-Men en un momento en el que estaba en coma. Ahí ya comenzó a probar nuevas cosas y demostró ser capaz de construir una mitología propia e icónica, sin necesidad de ser fiel al material original.

Es una lección aprendida que llevó a su nueva colaboración con Millar, Kingsman. No es difícil de imaginar una pugna en la que el director consiguió algo de poder y de libertad a la hora de interpretar la premisa de la obra de Millar. Alejándose bastante del material y buscando ser él quien desarrolle su propia mitología. No en vano, ha lanzado tres películas que poco o nada tienen que ver con las intenciones del cómic original. Y, a pesar de todo, consiguen hacer que este sea más interesante.

Mientras tanto, Millar ha optado por llevar su Millaworld a Netflix. Y ha conseguido levantar las adaptaciones de Jupiter’s Legacy y Supercrooks. Y, lo mejor que se puede decir, es que se echa en falta una voz como la de Vaughn. Y sí, esas adaptaciones son más fieles.

¿Qué se puede sacar de esto? Aunque quien mande sea el autor del material original, sin una personalidad fuerte que consiga dar una vuelta de tuerca al material, no hay nada que hacer. Da igual lo mucho que se aleje, esto es clave para elevarlo todo.

Edgar Wright contra el mundo 

Este se trata de un ejemplo que barre en el sentido contrario. Es una película que no tuvo un gran recorrido, pero que se ha ido reivindicando más y más con el paso del tiempo. Y es que el tiempo es el mejor juez, en estos casos.

En cualquier caso, este es un ejemplo en el que la presencia de un autor afín, sí que puede ayudar a redondear un proyecto. El hecho de que Edgar Wright, un devorador y amante de lo pop y lo icónico, haya sido el responsable de llevar a la vida los dibujos de Bryan Lee O’Malley, era la única opción lógica.

Ambos colaboraron hasta dar con la clave para traducir los recursos que emplea, puramente comiqueros, al cine. Y el resultado no podría haber sido más estimulantemente creativo y fresco. Tiene mucho de ambos, es producto de unas sinergias a las que debería aspirar cualquier adaptación.

¿Qué se puede sacar de esto? Hay que encontrar sensibilidades que remen en la misma dirección y que se complementen. Es entonces cuando todo fluye.

Lo que sí que resulta destacable es como el medio puede llegar a condicionar el mensaje hasta ser indistinguibles (Hola, McLuhan). Es así hasta tal punto que la animación es, probablemente, el lugar idóneo para hacer una adaptación de un cómic. Eso es algo que el legado del anime y su extremo parecido al manga han venido demostrando de forma eficiente a lo largo de las décadas. Pero también se puede aplicar a la animación occidental con ese Spider-Man: Into the Spider-verse, que es, probablemente, la más fiel experiencia audiovisual de lo que supone ser el lanzarredes.

Por no eternizar este artículo, se ha dejado de lado los ejemplos de adaptaciones literarias que siempre han acompañado al cine. Es algo que tiene mucha tela de cortar, pero este no es el lugar en el que correspondería hacerlo.

Lo que sí se podría destacar aquí y ahora es que seguramente las más altas obras de la historia del cine han sido adaptaciones directas o indirectas. Y eso es porque siempre hay y habrá historias que pidan a gritos convertirse en imágenes en movimiento. Aprendamos a disfrutar de ellas y a quejarnos menos cuando se alejan un milímetro de lo que cualquiera se habría imaginado como la adaptación idónea. Todo el mundo tiene una en la cabeza, pero son pocos los que son capaces de llevarlas a cabo. Y eso merece un respeto.