El Departamento de la Verdad: La Ciudad Sobre la Colina, la verdad no os hará libres

Pocas cosas pueden explicar los loquísimos sucesos de los últimos años como una buena conspiración. ¿Es pensamiento mágico? Sin duda alguna. Pero la realidad es muy caótica y un buen relato ayuda a dar cohesión a aquellos aspectos que vienen grandes a cualquiera que viva en este mundo y esté a merced de las decisiones de los poderosos.

Pero lo verdaderamente inédito es que la conspiración haya pasado a tener un impacto social y político en las vidas de las personas. Parece que las ideas (más o menos ridículas) que antes eran marginales, han pasado a ser algo insignificante a ser un verdadero motor de pensamiento de las masas. ¿Sería posible explicar el asalto al Congreso estadounidense sin explicar que muchos de ellos vinieron de determinados foros en los que se esparcían distorsiones de la clase política estadounidense?

Parece que este fenómeno tiene alta relación con las redes sociales y como esta han anulado progresivamente el juicio crítico. Han hecho que la manipulación sea cada vez más sencilla… En cualquier caso, forma parte intrínseca de las sociedades que se han establecido en esta última década.

Por ese motivo, El Departamento de la Verdad es una pieza rabiosamente relevante. Porque, en parte, dinamita las grandes conspiraciones a la vez que anima a no quedarse en la superficie de las noticias, de las consignas políticos, de los relatos que se construyen para tener a un pueblo dócil… Son ideas básicas de un ciudadano con un criterio lo suficientemente aceptable para que vote sabiendo lo que hace. Pero, a día de hoy, no podrían ser revolucionarias.

James Tynion IV se ha ganado el puesto de ser uno de los guionistas que mayor impacto están teniendo durante los últimos meses. Y aunque su obra ha transcurrido por terrenos más aventureros, seguramente esta sea su obra más adulta y comprometida. Eso significa que se incluyen una serie de conceptos que van más allá del entretenimiento (sin que este sea sacrificado del todo).

Si el primer volumen fue una formidable introducción a un peculiar e intrincado universo en el que el protagonista se ve inmerso, aquí se ve en verdadera acción al Departamento de la Verdad, una rama gubernamental dedicada a que las conspiraciones no alteren la realidad social. Es ahora cuando parece haber una idea más clara de frente a qué tipo de serie se está.

Se introduce algo que faltaba, que es un personaje carismático que deje una huella icónica: Hawk Harrison. Ejerce de figura de mentor del protagonista. Es quien conduce al personaje a la acción a la vez que sirve de verbalización de las nociones que el lector tiene que tener claras (de no poseer esta calidad en los diálogos, la obra sería demasiado farragosa. Pero funciona).

Aquí se lanza la serie a una especie de aventuras episódicas tipo Expediente X. Se tratan diversas y míticas conspiraciones de una manera verdaderamente innovadora y se hace con genuina enjundia. Es un cómic más accesible que el primero, en la medida en que hay unas peripecias y tramas más claras.

Pero eso no quiere decir que se olviden de las tramas que tantearon en el primer arco. Por el contrario, la psicología de personajes sigue siendo fundamental. Y, como buena historia, cada respuesta es satisfactoria, pero abre nuevas cuestiones.

Tynion IV es un autor solidísimo, pero aquí brilla. Y este cómic parece un anacronismo. No debería existir. Da cierta envidia que tenga un desarrollo tan preciso y que se haya cuidado tanto el fondo, como la forma de contarlo. Lanza tantas ideas sugerentes en todos y cada uno de los momentos. Es apabullante a la par de estimulante. Un pequeño milagro.

Si bien el arte de Martin Simmonds ya chocó muchísimo en el primer volumen, en este segundo no deja de ir a más. Es alguien que ve en este proyecto una oportunidad de desmelenarse puesto que, haciéndolo, favorece la compleja narrativa que plantea este tomo.

El extremismo de los temas y del argumento, siempre exigiendo al lector, también se traslada a una estética que imbuye a las páginas de un aire de irrealidad lisérgica (en el sentido más oscuro de la palabra). Es de esas piezas en las que se aprecia que hay un esfuerzo formal por exprimir todos y cada uno de los recursos que tiene este medio.

Por ese motivo, las composiciones no parecen seguir ningún orden ni concierto, por eso el trazo es sucio y desconcertante, por eso los tiros de cámara son tan aberrantes en muchas ocasiones, por eso todo parece que tiene tantas rallas, por eso el color no responde a una colometría cómoda ni agradable para el ojo… Es una obra sin reglas en las que la realidad está en entredicho constantemente. Es una de las creaciones cuya atmosfera consistente da más miedo genuino que muchos cómics de terror. Y eso tiene un gran mérito.

Simmonds es el digno heredero de Bill Sienkiewicz. Y no es solo porque lo emule de una manera nada disimulada, sino porque entiende que no se trata solo de ello. Simmonds reconoce la influencia, pero se atreve a experimentar de unas maneras propias (la verdadera esencia de Sienkiewicz) y alejadas del referente. Toma decisiones estilísticas que pueden resultar un tanto polémicas (y que es difícil imaginar al mencionado Sienkiewicz haciéndolo) pero es ahí donde reside la verdadera voz de ese artista: en probar cosas nuevas, en ser impredecible.

El tomo de Norma Editorial se ha publicado en un formato idéntico al del primer tomo. Tan solo incluye unas breves biografías del equipo creativo. Siendo un cómic tan apreciado, se hubiese agradecido que se incluyera algún extra más, a pesar de que la edición original no los incluya.

El Departamento de la Verdad: La Ciudad Sobre la Colina sigue su camino con paso seguro. Y no deja de crecer. Se ha convertido en una de las piezas que necesitas leer. Sin excusas. Porque, al contrario que cualquier conspiración de tres al cuarto, aquí sí puede que encuentres respuestas.  Y, por mucho que tal vez no te gusten, quedas hipnotizado. Un imprescindible.