Cómo es la experiencia de visitar la New York Comic Con en 2022

Cada año, los aficionados al mundo del cómic y a la cultura “friki” tenemos un evento obligado en la ciudad de Nueva York: La New York Comic Con. Este año asistí por quinta vez al evento, la primera que tengo el placer de hacerlo en representación de Sala de Peligro

La convención tiene lugar en Jacob Javitz Convention Center, ubicado en la avenida once, entre las calles 34 y 36. Esto sitúa al evento al oeste de Manhattan, en el barrio de Hell’s Kitchen, cerca del río Hudson. Por tanto, una ubicación cercana es la estación de Penn Station y el Madison Square, en la séptima avenida con las mismas calles. Es una auténtica experiencia salir de esa histórica estación y ver decenas de personas andando hacia la misma dirección disfrazados de distintos personajes de cultura popular. Es frecuente que durante los cuatro días de la convención que toda la ciudad se vea inundada del espíritu de este evento.

Este ambiente demuestra bastante la naturaleza del evento, dirigido a un público generalista. Se trata de una convención que, para los aficionados, da la sensación de haber existido desde hace décadas, sin embargo, la Nueva York Comic Con abrió sus puertas por primera vez en 2006, hace tan solo dieciséis años. Un contraste muy grande con la San Diego Comic Con, que empezó en 1970. A la primera entrega de San Diego asistieron menos de quinientas personas, una cifra que fue incrementándose progresivamente hasta alcanzar las cien mil personas en 2004. En esta década, la industria del cómic está viviendo un momento dulce, con la reinvención de Marvel tras el éxito de las películas de superhéroes como X-Men, Spider-Man y Batman Begins. Por tanto, no es de extrañar que esta situación impulsara la creación de la New York Comic Con. El estable éxito masivo de las adaptaciones de cómic a cine y televisión, junto a los seguidores de anime, propició que el pasado fin de semana asistieran oficialmente doscientas mil personas. 

Por ahí andaba por ejemplo el patriarca mutante, Chris Claremont

En esta ocasión, el evento mostró una recuperación significativa del año de la pandemia, por lo que asistió gente de todo el mundo que tenía pensado asistir en el 2020 y llevaban dos años esperando este momento. De esta manera, se notaba todo el tiempo que había una asistencia significativamente mayor que otros años, especialmente el jueves y el domingo que tradicionalmente son los más grandes.

El problema de un evento tan masificado, especialmente en contexto del COVID-19, es que requiere una planificación muy elevada. Entrando a las diez de la mañana, la hora oficial de apertura, ya se transmite una sensación de asistir tarde, especialmente en las zonas concurridas como los stands de Dragon Ball y de One Piece. Al mismo tiempo, en otros años tuve la oportunidad de mantener conversaciones con diferentes autores, sin embargo, en esta ocasión debido a la cantidad de gente, mezclado con las máscaras, dificulta mucho esta experiencia. A pesar de ello, tuve la oportunidad de conocer a John Romita Jr, una experiencia realmente agradable con uno de los dibujantes más importantes para mí como lector. Al mismo tiempo, pude asistir a diferentes charlas, como la presentación de la adaptación televisiva de American Born Chinese con su autor Gene Luen Yang y el director Destin Daniel Cretton. A su vez, dentro de una serie de charlas con autores, asistí a una discusión sobre novelas gráficas dirigidas a público juvenil.

El insigne John Romita Jr.

El evento siempre se convierte a la fuerza en un lugar con una oferta inmensa que puede abrumar por su cantidad. Sin embargo, los lectores de cómic encontraremos a autores muy variados tales como Romita, Frank Miller, Rob Liefeld, Jonathan Hickman o el histórico Jim Shooter. De esta manera, recomiendo la experiencia, pero al mismo tiempo es necesario dedicar un tiempo previo para organizar bien los horarios y los autores que se desea conocer. Especialmente si se desea obtener comissions de los mismos.

Algunos de los originales allí exhibidos

En la memoria colectiva de los lectores de cómics reside la idea de que la década de los noventa significó un importante revés para la industria del cómic en Estados Unidos. El momento más decisivo de esta situación tuvo lugar en 1996 cuando Marvel Comics se declaró en bancarrota. Frecuentemente se identifica una bajada en la calidad de los cómics como el principal motivo para esta caída, pero la realidad fue mucho más complicada. En primer lugar, tenemos que entender que el éxito de las adaptaciones cinematográficas de Superman en 1978 y Batman en 1989 propició que los editores pensaron en los superhéroes más como marcas que como personajes. El crecimiento en número de las tiendas de cómic creó espacios en los que se podía, por un lado, vender cómics antiguos a precios más altos que el de portada y, por otro lado, vender merchandising de dichos personajes/marcas. Entonces, todos los agentes implicados quisieron parte del pastel: mientras los autores reclamaban derechos de propiedad intelectual y royalties derivados de sus creaciones visuales, las editoriales quisieron sacar provecho de la especulación derivada de la venta de cómics. Como resultado, se emplearon nuevas técnicas de ventas y de fidelización, como la renumeración de series para tener nuevos números uno, se crearon nuevos personajes como valores de copyright, se reinventaron visualmente a muchos personajes y se crearon portadas alternativas con requisitos específicos para poder adquirirlas. El mercado se inundó de diferentes medidas para crear la idea de exclusividad hacia el lector, tales como portadas metalizadas, holográficas o incluir cromos junto a los cómics.  En 1996, se demostró que la industria creó una oferta que no fue respondida apropiadamente por la demanda. El sueño capitalista de la industria no funcionó. Sin embargo, en 2022 la NYCC es la prueba de que dicho sueño sí se podía cumplir.

La New York Comic Con tuvo lugar el fin de semana del 6 al 9 de octubre. Como cada año, contó con cuatro diferentes espacios: la zona de exposición y editorial, el Artist Alley, las conferencias y la zona de autógrafos. La zona de exposición combina una muestra de lo que pueden ofrecer las editoriales y funciona exactamente como un centro comercial que solo abre cuatro días al año. Las compañías crean lugares basados en sus marcas. Dragon Ball y One Piece tuvieron áreas diferentes cada una y ofrecieron bolsas e insignias exclusiva para el aficionado que pudiera llegar a tiempo para aguantar la cola. También sacaron figuras y productos nuevos, atrayendo al público explotando la palabra “exclusivo”. Para poder comprar un Funko exclusivo era necesario hacer una reserva a través de la web de la Comic Con diez días antes del evento. Una hora después de ponerse a la venta en la NYCC, se podía encontrar en eBay tres veces más caro. El valor se lo da la pegatina “exclusiva”. A su vez, en este espacio, la marca de té frío Arizona también aprovechó para promocionar sus nuevos productos de la mano con Marvel: bebidas con “sabor a Hulk” y “sabor a Wakanda”.

Las conferencias ofrecieron un lugar de conversación, no de reflexión, sobre la situación de la industria del cómic. Son espacios que las compañías aprovechan para presentar sus nuevas películas, series de televisión y, de manera tangencial, también los nuevos proyectos editoriales: los nuevos eventos. Por otro lado, hubo conferencias fuera de la promoción directa, que fueron entornos de celebración de la propia industria sin lugar para el pensamiento crítico.  Por ejemplo, aquellas sobre el papel de la lucha social dentro de la editorial, en lugar de analizar el camino que hay para mejorar, se celebró el momento actual.

NYCC 2022 Tochi Onyebuchi (Capitan America), Kami Garcia, Gabriel Picolo (Raven y Beast Boy), Ayls Arden (Zatanna) y el del pelazo Isaac Goodhart (Constantine)

La zona de autógrafos y el Artist Alley tuvieron la misma función: acercar los creadores a los fans. En la zona de autógrafos los aficionados pudieron encontrarse, previa reserva, con actores y creadores famosos pagando la cantidad correspondiente para sacarte una foto y recibir un autógrafo con cada persona. Generalmente este espacio se reserva para actores y actrices que hayan participado en alguna adaptación o en algún producto audiovisual de cultura popular. Sin embargo, también hay frecuentemente un número limitado de autores de cómics. Frank Miller es un nombre habitual, pero este año se le sumaron Jim Lee y Todd McFarlane. Cabe resaltar que estos dos nombres, son claves para entender el declive previamente mencionado de la industria en los noventa. 

Al mismo tiempo, en el Artist Alley, Rob Liefeld estaba firmando cómics a un precio entre 50 y 150 dólares el cómic y dibujando globitos de Masacre a 60 dólares. El Artist Alley, originalmente pensado para que los autores puedan ofrecer firmas y dibujos a los fans bajo un coste que han establecido ellos mismos, ha terminado completamente dominado por cuatro o cinco empresas de representación que controlan el negocio. Estas compañías se dedican a comprar mesas para poder ceder ese espacio a los autores para que estén firmando y deciden el precio mínimo de cada firma. 

Un espacio para homenajear al recientemente fallecido Kim Jung Yi

Este año saltó la polémica en torno a la mesa de Peach Momoko. La autora está logrando más popularidad cada año y en esta convención anunció que tendría dibujos sencillos a 20$ y un poco más elaborados a 50$. En un entorno, en el que la media de precios para el dibujo de una cabeza es de 200-300 dólares, su oferta, siendo una autora publicada, era realmente jugosa. Desde el primer día, la mesa de Peach Momoko tenía una gran cola de gente esperando para conseguir un dibujo desde las 9 de la mañana. Teniendo en cuenta que las puertas de la convención no abren al público hasta las diez, significaba que estos fans eran personas con acreditación de stand.  Desde el respeto, Momoko solicitó en sus redes y en su mesa que por favor se dejase espacio a fans sin acreditación. Sin embargo, el domingo por la mañana el tema se complicó y terminó con gente peleándose en torno a su mesa para el horror de la autora. Ella misma terminó disculpándose ante sus fans. Sus cómics firmados ya están actualmente en eBay a un precio medio de 80 dólares.

En conclusión, estos cuatros espacios tienen diferentes funciones para incitar al consumo. Los anuncios de películas y series derivadas de los personajes de cómic reafirman las adaptaciones cinematográficas como un valor cada vez más fuerte que funcionan como series. Al mismo tiempo, se puede encontrar una enorme variedad de productos de estos personajes, incluyendo Funkos, figuras de acción, todo tipo de ropa y, por supuesto, tés fríos. Sin embargo, a pesar del éxito sin discusión de estos personajes como marcas, los autores siguen sin ver royalties derivados de sus creaciones. No podemos olvidar el caso de Ed Brubaker sin ver parte del rendimiento económico de Winter Soldier tras el indiscutible éxito mediático que obtuvo en cine y televisión. Por tanto, es justificable que los autores utilicen estos espacios para poder ganar dinero. Lo que resulta más complicado de justificar es como debido a los vendedores online, todos los precios se ven incrementando exponencialmente y los autores reaccionan a ello. El mercado secundario sigue fomentando una constante especulación que excluye a muchísimos lectores y, al mismo tiempo, de la que los autores no siempre pueden participar. 

De esta manera, la New York Comic Con, un lugar auto descrito como “the happiest place on Earth” es una muestra de cómo el sueño de los noventa se ha solidificado férreamente. Marvel y DC, ya como compañías y no tanto como editoriales, han trascendido las páginas de los cómics y alcanzado una popularidad que les permite sobrepasar las expectativas marcadas antes de la caída del 96. El mercado de momento está respondiendo. Por ahora…