«No quería parar de dibujar Sandman»

Hablamos con Jill Thompson, dibujante de Sandman o la Bruja Madrina, quien consigue ponernos la piel de gallina durante la entrevista.

Sandman y sus spin-offs, Wonder Woman, Los Invisibles, La Bruja Madrina, The Elementals, Orquidea Negra… En la dilatada trayectoria de la autora Jill Thompson destacan varias colaboraciones con los mejores guionistas de la industria y en las obras más importantes de varios años, destacando por encima de todo las obras destinadas a un público juvenil e infantil que ha venido realizando, con éxito de público y crítica, duranta ya bastantes años, mucho antes de la nueva moda de los cómics infantiles. Un referente en el mundo del cómic y una persona muy cercana a sus aficionados. Durante la pasada Heroes Comic Con Madrid 2020 tuvimos la oportunidad de hablar con ella de su carrera, sus trabajos en Sandman con el personaje de Delirio y sus sensaciones sobre la futura serie de televisión adaptando la serie de Neil Gaiman. Una conversación nostálgica donde, incluso, en algún momento consiguió que se nos pusieran los pelos de punta.

Entrevista a Jill Thompson

Sala de Peligro: ¿Cómo y cuándo empezaste a leer cómics?

Jill Thompson: Siempre he leído cómics. No podría recordar el momento exacto en el que empecé a leerlos, pero sí que recuerdo hacerlo en los periódicos, en las tiras dominicales. Sobre todo, me acuerdo de Charlie Brown, era mi preferido. Y me hacía desear querer dibujar yo también cómics algún día. Siendo muy pequeña, un día le dije a mi madre que quería dibujar a Snoopy, pero ella me dijo que si Snoopy ya aparecía en los periódicos era porque a alguien ya se le había ocurrido y que, si de verdad quería dibujar, tendría que inventarme algo nuevo yo misma. Ella sabía bien que era una profesión, no un hobby. Así que empecé a dibujar y a dibujar… Y mientras seguía leyendo sin parar. Mi siguiente flechazo fueron los comics de Archie. Después de eso, un poquito más mayor, me leía todo lo de Spiderman y enseguida los de X-Men. Mi primer cómic de X-Men fue en mitad de la Saga de Fénix Oscura y todavía recuerdo a Kitty Pryde. Yo tenía la misma edad que tenía Kitty en el cómic. Llevábamos las dos igual el pelo ondulado. Ella vivía en una ciudad Chicago e iba a un instituto allí, al igual que yo. Y escapaba de hombres que querían secuestrarla e iban en coches tintados… ¿Qué más puedo pedir? En aquel episodio Kitty Pryde salva a Lobezno, a Tormenta y creo que a Coloso también, y ahí tienen una pelea psíquica Fénix y la Reina Blanca. Dos mujeres tan poderosas como ellas en el mismo cómic. No se podía pedir más a esa edad. Había veces que soñaba que me llegaba una carta de Charles Xavier para invitarme a su Escuela para Jóvenes Talentos. Y allí, con mi talento, podría dibujar… a los X-Men.

Sala de Peligro: Muchos de nosotros hemos empezado a leer cómics también en un orden parecido, cuando éramos pequeños. De hecho, ahora más que nunca parece que están de moda los cómics infantiles y juveniles. Pero tú ya llevabas años haciendo cómics para niños, antes de este cambio de paradigma reciente.  

Jill Thompson: Cuando los cómics se empezaban a publicar en su día eran sobre todo para niños. Hablo de los años de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, donde los cómics se vendían en los quioscos. Y se vendían millones de ellos, ya fueran historias de aventuras, de detectives, de horror, de Walt Disney o de lo que fuera. Luego, de repente y sobre todo por culpa del Comics Code Authority en los años cincuenta, apareció aquella obsesión por controlar todo, por tener miedo de que la gente pensara de forma diferente y esa tendencia a destruir la creatividad. Y así acabamos teniendo comics para gente mayor, incluso para gente adulta. Y sí, en parte en ese momento es cuando tuvimos los mejores cómics y cuando se crearon algunos de los mejores personajes de la industria del cómic. Aunque, es cierto, el mundillo se centró sobre todo en los superhéroes. Y luego, después de ello, los comics de superhéroes intentaron durante algunos años legitimizar que eran para niños, aunque contaran historias adultas y oscuras. Pero no puedes vender muchos comics si solo te centras en un target comercial muy concreto y con una mentalidad adulta, así que también había que hacer que esos comics pudieran ser leídos también por los niños. Pero tiene que haber, debería haber, comics para todos los tipos de lectores. Para los nuevos y los antiguos.

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Sala de Peligro: Pero si miramos las listas de lo más vendido del New York Times cada año… todo lo que hay ahí son cómics para niños. Hace diez años no era así, pero tu ya llevabas años haciéndolo.

Jill Thompson: Yo leo todo tipo de comics. Para niños, para adultos… Solo porque algo sea para una edad diferente a la mía no significa que vaya a ser una mala historia. A veces una historia contada de la forma más sencilla es una preciosidad. Otras veces puede tener contrastes más adultos y también funcionar muy bien. Hay una oferta de este tipo de comics muy amplia. No siento ninguna vergüenza al admitir que me encanta leer cómics infantiles.

SaladePeligro: Respecto a tu carrera, ¿en qué momento te diste cuenta que podrías tener trabajo en la industria siempre que quisieras?

Jill Thompson: No lo sé. Nunca he pensado eso. Porque no es verdad. Hay muy pocas súper-estrellas en el mundo del cómic. El mundo del comic es muy parecido al cine. Tienes algunos actores a los que vemos en todos los lados, pero a los que no se les paga bien. O actores que ganan algún Oscar, pero luego no encuentran ningún otro trabajo o se les paga muy poco. Muchos que brillan en películas independientes o en películas extranjeras, pero que luego lo tienen imposible para trabajar en una de las grandes. Por eso yo nunca he pensado que podría tener trabajo para siempre. Hay muy pocos huecos fijos en las editoriales grandes como Marvel, DC o Dark Horse. Las empresas son dueñas de sus personajes y ganan quinientas veces más que la gente que trabaja para ellos. Y teniendo en cuenta que siempre hay gente nueva dispuestos a trabajar para ellos, pues no queda más remedio que moverse entre las rendijas para encontrar el trabajo adecuado. Por ejemplo, yo no sé cómo hacer coloreado digital o por ordenador, así que eso me da una desventaja muy grande para optar a ciertos trabajos. Por eso me esfuerzo tanto por hacer que lo que la gente quiera de mí sean buenas historias y buenos personajes nuevos, casi más que mi estilo de dibujo o si alguna vez dibujo algún superhéroe.

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SaladePeligro: Nos gustaría hablar un poquito de Sandman

Jill Thompson: [Interrumpe antes de dar tiempo a preguntar] ¿No tenéis ganas de ver ya de una vez la serie de televisión?

SaladePeligro: Bueno, yo sí, pero estoy conteniendo la ilusión hasta que anuncien el casting…

 Jill Thompson: Espero sinceramente que sean actores que nunca hayamos visto. Gente nueva, para que cuando les veamos en pantalla no nos evoquen otra cosa que no sea a los Eternos. Hay actores a los que les veo siempre igual. Por ejemplo: Robert De Niro siempre es Robert De Niro para mí.

SaladePeligro: Yo siempre he dicho que Helena Bonham Carter podría ser una buena opción para Muerte…

Jill Thompson: Hmmmmmmm… pero podría ser demasiado mayor, ya, al menos para los estándares de Hollywood. Porque Muerte debería ser eternamente joven. Aunque nunca se sabe, porque últimamente con las tecnologías de rejuvenecimiento digital pueden hacer maravillas. En cualquier momento van a fabricar un aparato que nos ponga un holograma delante de nuestras caras para que estemos siempre en nuestro momento más joven y perfecto… Eso sí que será el futuro.

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SaladePeligro: ¿Son Morfeo o Muerte de Sandman los personajes que más sueles firmar en las convenciones?

Jill Thompson: Depende un poco de dónde vaya, aunque sí que es cierto que los más habituales suelen ser Morfeo y Wonder Woman. Aquí en Madrid me han pedido muchos de Wonder Woman y también de la Bruja Madrina.

SaladePeligro: ¿Y tu preferido a la hora de dibujar?

Jill Thompson: Los de Sandman. Posiblemente Muerte. Creo que he dibujado a Muerte más que a cualquier otro. Solía llevar la cuenta para ver cuál era más popular. Estaba muy reñido entre Morfeo y Muerte. Eran súper-populares. Todo el mundo quería uno de ellos. Había alguna vez que venía alguien a pedirme que le dibujara un, por ejemplo, Linterna Verde. Y en teoría podía, pero llevaba tanto tiempo dibujando las dos mismas cabezas o personajes que me resultaba casi imposible.

SaladePeligro: La saga que dibujaste en Sandman, Vidas Breves, a mitad de la obra, es la que cambiaba todo. ¿Cómo recuerdas esta colaboración?

Jill Thompson: Sí, ahí pasan un montón de cosas. A partir de ahí todo se acelera y va hasta el final. Cuando empecé a dibujar esta historia no sabía lo que iba a pasar. Iba dibujando según me iban llegando los guiones de cada número. Lo divertido es que en teoría iba a ser un arco argumental de tres números, que es lo que Neil Gaiman me propuso en un primer momento. Y así se lo dijo también a Karen Berger. Pero luego se convirtieron en nueve números. A la altura del número ocho le dije que por favor me dejara escribir el resto de la serie [Risas]. No solo no era difícil dibujar aquello, porque era muy natural, sino que además era muy divertido de hacerlo. A veces las fechas de entrega eran una locura, porque él solía viajar mucho de una punta del mundo a la otra, y sólo me podía mandar cuatro o cinco páginas. Tenía que ir página a página, sin saber siquiera cómo acabaría el número. Pero me encantaba. No quería parar. No quería dejar que otros dibujaran esa serie [Risas]. Me decían que ya tenían apalabrada la serie con otros dibujantes, pero me daba igual. Les podían dar otra serie [Risas]. Lo bueno es que Neil me permitió jugar en el “Sandmanverso” con algunas obras posteriores en las que confiaba en mí por completo. Él sabía que yo iba a tratar a sus personajes con justicia.

Sala de Peligro: Me gustaría preguntarte por tu Delirio, porque en Vidas Breves le das a ese personaje una nueva dimensión.

Jill Thompson: Para mí es un personaje especial. Lo tiene todo. No tiene mucha atención y todo le distrae, eso es cierto, pero siempre me gustaba dibujar una parte de su encarnación previa, Delicia, con esa parte tan feliz que exhibía. [Imitando una voz infantil:] “Mira, mira eso, vamos a ver qué hace”. Pero también tenía su gran parte de Delirio, que te hacía alucinar, que te confundía, que hacía que no te sintieras un poco raro al conocerla. Esa parte que no está unida a este mundo. Sus emociones, sean cuales sean, van siempre a tope. Alegría, tristeza, confusión, dolor… Las que sean. Pero siempre las experimentaba al 100%. Y además de todo eso, lo que más me gustaba era representar la forma que tenía de cambiar de una emoción a otra.

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SaladePeligro: Y, además de esas emociones que mencionas, hay una gran sabiduría dentro de ella…

Jill Thompson: Sabiduría e inocencia.

SaladePeligro: Eso es. Puedo estar poco concentrada y muy distraída, pero sí llega el momento de tener que demostrar algo, va a quedar claro.

Jill Thompson: Si, cuando en Vidas Breves estaba hablando con Destino, uno de los detalles que incluyó en el guión para el colorista, era que los colores de sus dos ojos fueran del mismo color. Ella siempre tenía un ojo de cada color, pero hay un momento en el que se pone firme y le dice a Destino “Hay cosas que no están en tu libro. Hay caminos fuera de este jardín. Harías bien en recordarlo”. Y en ese momento, de repente, sus dos ojos son del mismo color. Ahí Delirio está 100% concentrada. [En este momento a Jill Thompson y a mí se nos pone la piel de gallina a la vez] Guauuuu. Se me está poniendo la piel de gallina [Risas].

SaladePeligro: Y a mí, y a mí. Bueno, creo que esto es la mejor forma posible de acabar. Muchas gracias por tu tiempo, Jill.

Jill Thompson: Muchas gracias a vosotros.