Man-eaters, el controvertido cómic feminista de Chelsea Cain y Kate Niemczyk

Si se preguntase a la gente cual es el tema social más espinoso ahora mismo, seguramente muchos señalarían las políticas identitarias. Y la joya de la corona es el feminismo. Lo cierto es que tampoco es que sea nada nuevo y las desigualdades entre sexos deberían estar fuera de toda duda y discusión. Sin embargo, nunca había sido un tema tan absolutamente candente.

El hecho de que las mujeres opten por no callar aquello de lo que antes no se hablaba, debería ser valorado como progreso social. Como lo es el que se esté llevando a cabo  acciones específicas en búsqueda de una determinada igualdad, por mucho que no se termine de llegar hacia donde debiera. Y también lo es que se publiquen un tipo de obras que, hasta el momento, eran consideradas como minoritarias y cuya repercusión estaba lejana de ser la que tiene hoy. Y Man-eaters es un claro ejemplo del cambio de paradigma social e ideológico.

Chelsea Cain, autora de este libro, es una de las figuras más controvertidas de cara al fandom actual. La tristemente célebre portada en la serie de Pájaro Burlón provocó ríos de tinta. Y escoció a la parte más lamentable del fandom. En cualquier caso, sacó a relucir algunos de los problemas en los sectores más rancios de los lectores de cómics. Y explicitó un tema que, hasta el momento, no había tenido tanta proyección en el mercado: el feminismo dentro del cómic mainstream. Esa imagen se ha convertido en algo histórico para el cómic reciente, guste o no.

La portada del primer tomo de Astiberri.

Una de las consecuencias de la polémica fue que Chelsea Cain abandonase La Casa de las Ideas (dejando tras de sí un proyecto de La Visión que nunca llegó a ver la luz) para lanzar una obra de índole más personal, junto con la artista con la que colaboró en la mencionada serie: Kate Niemczyk. Este proyecto pasó a ser Man-eaters, y también tuvo sus grandes dosis de polémica acerca de las ideas de feminismo de su escritora y su exclusión de mujeres transexuales en la narrativa. Eso causó el brusco y temprano cierre del título. A pesar de ello terminó teniendo doce números que ahora ofrece Astiberri al público español.

Dejando de lado esos asuntos protagonizada por la controvertida escritora proveniente del ámbito literario, Man-eaters es un producto de indudable calidad que debería ser valorado fuera de todo el ruido que lo rodea. Como debería serlo cualquier obra, por estruendoso que sea lo periférico. 

La escritora ha desarrollado una carrera especializada en thrillers y eso es más que evidente en algunos de los elementos que componen este título. Pero también está claro que ha buscado hacer algo diferente y que sorprenda a sus fans. Además, ha intentado aprovechar el tirón que le generó la polémica de Marvel para hacer hincapié, precisamente, en esos temas por los que sus detractores la criticaron.

La premisa, de por sí, es bastante reivindicativa. Se trata de una sociedad patriarcal que debe hacer frente a un grupo de mujeres cuya menstruación provoca que se conviertan en terribles felinos homicidas. El punto de partida es una referencia clarísima a La Mujer Pantera, aunque es el único punto en común. Cain pone el punto de vista en una adolescente de una familia de padres divorciados que se ve afectada por el asunto.

La guionista usa ese componente de terror para hablar de la pubertad y de los primeros cambios corporales causados por la menstruación. Muchos son los ejemplos de tratamiento de estos temas, pero no son tantos los ejemplos con visibilidad que hablen de estos aspectos de forma tan explícita como lo hace esta obra.  

Todo ello se adereza a través de un punto de vista posicionado  en una manifiesta posición política. Se sirve de meter ciertos componentes distópicos para hablar de la discriminación del hombre a aquellas mujeres que aceptan su sexualidad y de la guerra de sexos. Aunque pueda parecer manido, se tratan estos temas con cierta frescura.

A pesar de que se ha hablado de un par de géneros, aquí lo que prima es el tono cómico. El cómic en ningún momento se toma demasiado en serio a sí mismo, y es lo que lo libra de caer en la pretenciosidad. Se exploran una gran cantidad de temas serios con cierta levedad. Y se  incluye una gran cantidad de ingeniosos y divertidos chistes visuales muy certeros, aunque poco sutiles.

Todo esto está contado desde el punto de vista de una adolescente, y la autora lo pone muy fácil para que se empatice. Su historia y cómo la cuenta es muy creíble y humana, y el lector se encariña rápidamente con ella y su mundo.

El ritmo del cómic es ágil, aunque se nota demasiado apresurado en el tramo final, por la disputa antes mencionada. Muchas ideas son muy estimulantes, aunque peca de poco desarrolladas y al clímax le hubiese sentado bien echar el freno. El guion, por tanto, se ve un poco desgastado con el paso de los números sin dejar de ser notable en ningún momento.

Por una vez, ha sido Lobezno.

Kate Niemczyk no ha estado presente durante todos los números, pero, durante los primeros, estableció la identidad gráfica que tiene este título. La dibujante tiene una línea clara y optó por una línea cartoon, clásica y realista. Consigue con facilidad que este mundo sea una clara alegoría del nuestro, aunque con un componente pop que lo diferencia claramente. Cabe destacar también, que en este título se emplean una serie de recursos gráficos inusuales: imágenes fotográficas en lugar de viñetas que esquematizan acciones, versiones irónicas de imágenes publicitarias que casan con el tono de la serie o infografías de todo tipo. Este tipo de herramientas no solo se fusionan con el dibujo, si no que llegan a componer números enteros de este tipo de imágenes. Esos números son obra de Lia Martinique, quien también se hizo cargo de las innovadoras portadas. La dibujante que completó el título Elise McCall, que no se diferenció demasiado del trazo de Niemczyk. Aportó un aspecto más abstracto, pero no se nota un gran salto en la estética del título.

La que sí se mantuvo durante todo el título es la colorista Rachelle Rosenberg, la cual ha engrandecido el componente el aspecto visual de las páginas con unos colores muy vivos. Sus aportaciones dan mucho dinamismo al todo y siempre ha tomado las decisiones adecuadas, aunque sin arriesgar mucho con la paleta seleccionada.

Astiberri publica este tomo con portadas originales y alternativas además de una serie de extras dedicados a la profundización del universo aquí planteado.

Man-eaters no trata de convencer ni dorar la píldora a nadie. Afortunadamente no tiene nada de panfletario en ningún sentido. Por el contrario, se tiene un inusual coming of age con tintes de terror, comedia, feminismo y sangre de todo tipo. Un divertimento con algo que decir (por mucho que eso pueda incomodar a los de siempre) pero que nunca lo antepone a contar una historia de mujeres gatos antripatriarcales condenadamente divertida.

Título: Man-eaters 1
Guión: Chelsea Cain
Dibujo:  Kate Niemczyk y Lia Martinique
Color: Rachelle Rosenberg
Edición Nacional: Astiberri
Edición original: Image Comics
Formato:   Tomo cartoné de 128 páginas a color
Precio: 17  €